martes, 04 de octubre de 2005
Tïtulo: Hablando de pintura con un ciego
Autor: Roger Wolfe
Editorial: Renacimiento
Nº de páginas: 57
Género: Poesía



Argumento:

Cuarenta y nueve poemas, algunos de ellos de apenas tres líneas, que describen momentos, pensamientos…prácticamente instantes de un hombre que parece sentir hastío por sí mismo y por lo que le rodea.

Opinión personal:

Estos poemas me han parecido, más que pinceladas brochazos. Aquí no existe sutileza, es directo en lo que dice y en el cómo lo dice, pero no por ello prescinde totalmente del uso de la metáfora, aunque a veces yo diría que esa metáfora no es tal, porque pasa inmediatamente a sarcasmo puro por lo que hace que se olvide si existen "rodeos", al menos en la intencionalidad que creo le da.
Parecen casi un diario porque como ya he dicho describen prácticamente momentos de un día o pensamientos, básicamente críticos y llenos de desencanto. Hay poemas que me parecen buenos, otros me parecen una chorrada o ida de olla (aunque tienen su gracia), lo cual me hace darle un doble sentido al título elegido para este libro, el cual me parece casi más interesante que algunos de los poemas. Con esto no quiero decir que no me guste este autor, me gusta, y seguiré conociendo otros trabajos suyos. Sus poemas me han parecido como colores primarios, pero en apariencia, en la superficie, porque en el fondo muestra tonalidades más complejas.

Algunos ejemplos:

“Pero ¿Dónde se ha metido todo el mundo?”

Es precisamente
lo que también a mí me gustaría
saber en noches como ésta
en las que ya no queda una cerveza en la nevera
ni un puto número que digitar.

“Pobre Hombre”

Me miro las manos y de repente me parece
que tienen un color
inconfundiblemente amarillento.
Algo inquietante porque el hígado
siempre es un problema y detesto el amarillo
por ese motivo y otros muchos
que quizás algún día me anime a consultar
con mi psiquiatra. En el caso
de que algún día decida
contratar los servicios de un psiquiatra.
Así que me levanto
y me acerco al baño
y escruto mi rostro en el espejo
y hago muecas y tiro de mi cara
en un sentido y otro
y me examino el blanco de los ojos
acercándolos lo más posible al fluorescente
hasta que me doy cuenta
de que parezco una especie de mono
estúpido y enloquecido
y que las dos docenas de análisis de sangre
que me suelo hacer todos los años
nunca revelan motivo alguno
para sentir alarma.
Un poco más tranquilo
decido reventarme un grano
sin poder evitar pensar
que no somos otra cosa
que un triste hatajo de pobres hombres.
sólo que a veces
me siento el más imbécil
de todos ellos.

“Si alguien te pregunta alguna vez, puedes responder por mí”

ESCRIBO para gente que no tiene
Otro sitio donde caerse muerta
Que la superficie de un poema.
Publicado por Goizeder @ 20:11
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios
 
boomp3.com