Mi?rcoles, 26 de octubre de 2005
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El poeta Mahmud Darwish es una leyenda viva para los países árabes. Hombre de diálogo pero de voluntad firme que no está dispuesto a hacer concesiones humillantes. Es casi un símbolo de la cultura palestina.
Se crió en un ambiente campesino, en una pequeña aldea, pero tras la retirada de las tropas británicas y la implantación del estado de Israel, su familia, como tantas otras, tuvo que huir de su tierra. Y ese fue el inicio que marcaría su vida.

De adolescente se refugia en los libros y es entonces cuando encuentra en el lenguaje su instrumento de lucha.
Comienza a escribir al mismo tiempo que ingresa en el partido comunista, y a los veinte años publica su primer poemario “Pájaros sin alas”, muy influenciado por la poesía clásica árabe.
Cuatro años más tarde publica “Hojas de olivo”, que se caracteriza especialmente por el uso de mensajes más directos, mensajes que hablan del sufrimiento de los palestinos dentro del estado de Israel.

En 1966 publica “Enamorado de Palestina”, con un estilo menos directo, con menos amargura, en esta nueva fase parece advertirse la influencia del Mahyar y la escuela romántica.

En su siguiente etapa, más innovadora, trata de traspasar los cánones tradicionales, haciéndose eco de las obras de otros poetas con los que se identificaba Muhammad Al Magut, Nazim Hikmet, Louis Aragon, Pablo Neruda, García Lorca y T.S. Eliot.

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Ya en 1967 con el poemario “Fin de noche” abre una nueva etapa, más madura, en la que se advierte una mayor abstracción, sin renunciar sin embargo a su forma de expresión clara, al uso de símbolos relacionados con su lugar de origen (roca, árbol, mar…), y a ese sentimiento de vida y a la vez muerte que le inspira su tierra.

“Los pájaros mueren en Galilea”, de 1969, según el propio Darwish, marca su primera mutación poética por el amplio uso de símbolos y mitos. Este cambio sin embargo, sufrió rechazos por parte de ciertos sectores donde le acusaban de haber renunciado a sus compromisos. Esta consecuencia sin embargo no amedrentó al poeta, que siguió escribiendo otros poemas a pesar de ese rechazo por parte de algunos lectores, que sin embargo poco a poco fueron aceptando.

En “mi amada se despierta” (1970) amplía el uso de símbolos entremezclándolos con acontecimientos históricos, tanto del mundo islámico como del cristiano. La figura de cristo y la crucifixión son los elementos más relevantes.
Su obra no pasa desapercibida debido al impacto que causan sus mensajes respecto a la humillación que sufre su pueblo, esto añadido a su militancia comunista, le cuesta numerosos arrestos por parte del estado de Israel. Pero nuevamente el poeta, firme en sus convicciones, estos hechos no hacen más que acrecentar sus ansias de libertad y deseos de dar rienda suelta a su creatividad.

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Decide instalarse en Egipto, aún sabiendo que nuevamente pondría en entredicho si mito, decidió mantener una distancia entre su vida poética y las demás cuestiones políticas. Pero no ocurrió así. Este alejamiento de su tierra no hizo más que alimentar lo que él representaba y su voz seguía muy presente en todos los lugares.
Su poesía se hace más compleja a pesar de no abandonar a lo que está íntimamente ligado, su experiencia palestina. “Amarte o no amarte” (1972), poemario en el que se encuentra poemas tales como “Sirhán toma café en la cafetería” donde se plasma el estado psicológico del poeta dirigiéndose a los palestinos que permanecen en la tierra ocupada.
Aún en los años setenta, se instala en Beirut. Se convierte en miembro del movimiento literario libanés. Allí dirige el centro de investigación de estudios palestinos. Pocos años más tarde también se hace cargo de dos prestigiosas revistas árabes “Shuún filistiniyya y Al Karmel”. Es en estos tiempos cuando Darwish se consagra como uno de los poetas vivos más grandes.
También se convierte en testigo de la guerra civil libanesa, lo cual le inspira numerosos poemas.
En 1982 se ve obligado a abandonar el Líbano tras la invasión israelí. Se exilia en Europa, principalmente en París compaginándolo con estancias en Túnez. En esta etapa Darwish escribe poemas largos, teatrales, con numerosas imágenes…a este tiempo pertenece el poemario “Elogio de la alta sombra” (1983) donde parece reflejar el temor del poeta a que desaparezca el sueño, la esperanza, que lo susutenta a él y a su pueblo a consecuencia de la interminable tragedia.
En “menos rosas” de 1986, sigue experimentando con la forma y el ritmo, logrando poemas de una estética muy cuidada, con un lenguaje cercano que trasmite emociones muy intensas, directas y sinceras, entremezclándolo con símbolos, leyendas, historia, alcanzando una gran armonía.
“Once astros” de 1992, es el resultado del nuevo proyecto que Darwish quiso llevar a cabo, donde se despega del presente y encuentra en la Historia el lugar que le niegan en la tierra. Una epopeya lírica compuesta de largos poemas marcados por acontecimientos históricos, la guerra de troya, las invasiones de los mongoles, la pérdida de Al Andalus, el genocidio de los pueblos indios…
“¿Por qué has dejado el caballo solo?” (1995), es un poemario casi biográfico, quizás impulsado por el temor a que el pasado se olvide.
“El lecho de una extraña” (1999) y “Mural” (2000), son poemarios de una estructura más sólida, con proporciones minuciosamente calculadas. Son poemas sobrios en su expresión y sin embargo a su vez llenos de gracia y armonía. Trascienden la cuestión nacional y a su vez liberándolos de un exceso de realismo. Están inspirados en sus experiencias, especialmente “Mural”, lleno de sensaciones, como la absoluta soledad, que le embargaron durante cierto periodo de su vida.

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Actualmente Mahmud Darwish, vive en Ramalla, donde dirige la prestigiosa revista literaria “Al-Karmel”, cuyos archivos fueron destruidos en el año 2002 por el ejército israelí.
Darwish es constantemente requerido para dar recitales poéticos por todo el mundo árabe, pero su fama también se ha extendido en Occidente donde goza de gran prestigio, una buena muestra de ello son los premios literarios como el Lanzan Cultural Freedom Price (2001) y el premio Príncipe Claus de Holanda (2004)


NO CESO DE HABLAR

No ceso de hablar de la tenue diferencia entre las mujeres y los árboles,
De la magia de la tierra, de un país cuyo sello no he visto en ningún
pasaporte.
Pregunto: señoras y señores de buena voluntad, ¿la tierra de los hombres es
para todos los hombres
como afirmáis? Entonces ¿dónde está mi choza, dónde estoy yo? La asamblea
me aplaude.
Otros tres minutos, tres minutos de libertad y reconocimiento…la asamblea
acaba de aprobar
nuestro derecho a volver, como todos los pollos, como todos los caballos, a
un sueño de piedra.
Les estrecho la mano, uno por uno, luego les hago una reverencia…y prosigo
este viaje
hacia otro país donde hablo sobre la diferencia entre espejismo y lluvia
y pregunto: señoras y señores de buena voluntad, ¿la tierra de los hombres
es para todos los hombres?

¿No puedes apagar la luna?

¿No puedes apagar la luna para dormir
un poco sobre tus rodillas, para que la palabra se despierte
y alabe a una ola del trigo que crece entre las venas del mármol?

Huyes de mí, gacela temerosa, y danzas en torno a mí,
y no puedo alcanzar al corazón que muerde tus manos y grita: quédate
para que sepa de qué viento sopla sobre mí la nube de las palomas.

¿No puedes apagar la luna para que vea
la seducción de la gacela asiria traspasando a su cazador con la luna?
Te busco, pero no encuentro el camino, ¿Dónde está Sumer en mí? ¿Dónde
Está Damasco?

Recuerdo que te olvidé. Danza, pues, en las cimas de la palabra.




NOS FALTA UN PRESENTE

Partamos tal como somos:
una dama libre
y su amigo fiel.
Partamos juntos en dos direcciones.
Partamos como somos, unidos
y separados.
Nada nos causa dolor,
ni el divorcio de las palomas ni el frío en las manos
ni el viento en torno a la iglesia.
Los almendros no han florecido del todo.
Sonríe para que sigan floreciendo
entre las mariposas de tus hoyuelos.

Dentro de poco tendremos otro presente.
Si te das la vuelta no verás
sino exilio tras de ti:
tu dormitorio,
el sauce de la plaza,
el río, tras los edificios de cristal
y el café de nuestras citas... todo, todo
preparado para convertirse en exilio.
¡Seamos buenos!

Partamos tal como somos:
una mujer libre
y un amigo fiel a sus flautas.
No tenemos suficiente edad para envejecer juntos,
ir a paso lento al cine,
ver el epílogo de la guerra entre Atenas y sus vecinos
y asistir dentro de poco
a la ceremonia de paz entre Roma y Cartago.
Dentro de poco los pájaros emigrarán de un tiempo a otro.
¿Este camino no es más que polvo
en forma de sentido? ¿Nos ha conducido
en un viaje efímero entre dos mitos?
¿Es necesario y somos necesarios,
como un extraño que se ve en los espejos de su extraña?
"No, éste no es mi camino a mi cuerpo".
"No hay soluciones culturales para las preocupaciones existenciales".
"Allá donde estés, mi cielo es
verdadero".
"¿Quién soy yo para devolverte el sol y la luna precedentes?".
Seamos buenos...

Partamos tal como somos:
una amante libre
y su poeta.
No ha caído suficiente
nieve de diciembre. Sonríe
y caerá como copos de algodón sobre las oraciones del cristiano.
Dentro de poco regresaremos a nuestro mañana, tras nosotros,
allí donde éramos dos niños al comienzo del amor
jugando a Romeo y Julieta
para aprender el léxico de Shakespeare...
Las mariposas volaron del sueño
como el espejismo de una paz rápida.
Nos coronaron con dos estrellas
y nos mataron en el combate por el nombre
entre dos ventanas.
Partamos, pues,
y seamos buenos.

Partamos tal como somos:
una mujer libre
y su amigo fiel.
Partamos tal como somos. De
Babilonia vinimos con el viento
y hacia Babilonia vamos...
Mi viaje no es suficiente
para que, sobre mis huellas, los pinos se conviertan
en panegíricos del lugar meridional.
Nosotros somos buenos aquí. El viento del norte
es nuestro viento y meridionales son las canciones.
¿Soy yo otra tú
y tú otro yo?
Éste no es mi camino a la tierra de mi libertad.
Éste no es mi camino a mi cuerpo
y yo no seré "yo" dos veces
ahora que mi pasado ha ocupado el lugar de mi mañana
y me he escindido en dos mujeres.
No soy oriental
ni occidental.
No soy un olivo que ha dado sombra a dos aleyas.
Partamos, pues.
"No hay soluciones colectivas para las obsesiones personales".
No es suficiente que estemos juntos
para estar juntos...
Nos falta un presente para ver
donde estamos. Partamos tal como somos,
una mujer libre
y su viejo amigo.
Partamos juntos en dos direcciones.
Partamos juntos
y seamos buenos...



VEO LO QUE DESEO

Miro hacia atrás esta noche
en las hojas de los árboles y en las hojas de la vida.
Contemplo la memoria del agua y la memoria de la arena.
No percibo esta noche
sino el final de esta noche,
sonidos del reloj que roen mi vida segundo a segundo
y reducen la vida de la noche.
No queda de la noche ni de mí tiempo en el que combatir
pero la noche regresa a su noche
y yo caigo en la fosa de esta sombra.



EL JARDÍN DORMIDO

Cuando el sueño la abrazó, yo robé mi mano,

Cubrí sus sueños,

Vi la miel ocultarse tras sus párpados,

Recé por dos piernas milagrosas,

Me incliné sobre los latidos de su corazón,

Vi trigo sobre mármol y sueño.

Una gota de mi sangre lloró,

Temblé...

El jardín duerme en mi lecho.



Fui hacia la puerta

Sin volverme hacia mi alma dormida,

Oí el tintineo antiguo de sus pasos y las campanas de mi corazón.



Fui hacia la puerta

- la llave está en su bolso

y ella duerme como un ángel después del amor-.

Noche sobre lluvia en la calle y ningún ruido

Salvo los latidos de su corazón y la lluvia.



Fui hacia la puerta.

Se abre,

Salgo.

Se cierra,

Mi sombra se desliza tras de mí.

¿Por qué digo adiós?

Desde ahora soy extraño a los recuerdos y a mi casa.

Bajé las escaleras.

Ni un ruido,

Salvo los latidos de su corazón, la lluvia

Y mis pasos sobre la escalera que desciende

Desde sus manos al deseo de viajar.



Llegué al árbol.

Allí, ella me abrazó,

Allí me golpearon los rayos de plata y clavel,

Allí comenzaba su universo,

Allí se terminaba.

Me detuve unos instantes hechos de azucenas y de invierno,

Me marché,

Dudé,

Luego me marché.

Recogí mis pasos y mi recuerdo salado

Y me marché en mi compañía.



Ni despedida ni árbol.

Los deseos se han dormido tras las ventanas,

Todas las historias de amor

Y todas las traiciones se han dormido tras las ventanas,

Y la policía secreta también...



Rita duerme... duerme y despierta sus sueños.

Por la mañana recogerá su beso

Y sus días,

Luego preparará mi café árabe

Y su café con leche.

Me preguntará, por milésima vez, por nuestro amor

Y responderé:

Soy el mártir de las manos que,

Cada mañana, me preparan el café.



Rita duerme... duerme y despierta sus sueños.

- ¿Nos casaremos?

- Sí.

- ¿Cuándo?

- Cuando crezcan violetas

En las gorras de los soldados.



He recorrido las calles, el edificio de correos,

Los cafés de las aceras, los clubes nocturnos

Y las ventanillas de venta de billetes.

Te amo, Rita. Te amo. Duerme, yo parto

Sin motivo, como los pájaros violentos, yo parto

Sin motivo, como los vientos débiles, yo parto.

Te amo, Rita. Te amo. Duerme.

Dentro de trece inviernos preguntaré:

¿Todavía duermes

o te has despertado?

¡Rita! Te amo, Rita,

te amo...




PASAJEROS ENTRE PALABRAS FUGACES

Pasajeros entre palabras fugaces:

Cargad con vuestros nombres y marchaos,

Quitad vuestras horas de nuestro tiempo y marchaos,

Tomad lo que queráis del azul del mar

Y de la arena del recuerdo,

Tomad todas las fotos que queráis para saber

Lo que nunca sabréis:

Cómo las piedras de nuestra tierra

Construyen el techo del cielo.



Pasajeros entre palabras fugaces:

Vosotros tenéis espadas, nosotros sangre,

Vosotros tenéis acero y fuego, nosotros carne,

Vosotros tenéis otro tanque, nosotros piedras,

Vosotros tenéis gases lacrimógenos, nosotros lluvia,

Pero el cielo y el aire

Son los mismos para todos.

Tomad una porción de nuestra sangre y marchaos,

Entrad a la fiesta, cenad y bailad...

Luego marchaos

Para que nosotros cuidemos las rosas de los mártires

Y vivamos como queramos.

Pasajeros entre palabras fugaces:

Como polvo amargo, pasad por donde queráis, pero

No paséis entre nosotros cual insectos voladores

Porque hemos recogido la cosecha de nuestra tierra.

Tenemos trigo que sembramos y regamos con el rocío de nuestros cuerpos

Y tenemos, aquí, lo que no os gusta:

Piedras y pudor.

Llevad el pasado, si queréis, al mercado de antigüedades

Y devolved el esqueleto a la abubilla

En un plato de porcelana.

Tenemos lo que no os gusta: el futuro

Y lo que sembramos en nuestra tierra.



Pasajeros entre palabras fugaces:

Amontonad vuestras fantasías en una fosa abandonada y marchaos,

Devolved las manecillas del tiempo a la ley del becerro de oro

O al horario musical del revólver

Porque aquí tenemos lo que no os gusta. Marchaos.

Y tenemos lo que no os pertenece:

Una patria y un pueblo desangrándose,

Un país útil para el olvido y para el recuerdo.



Pasajeros entre palabras fugaces:

Es hora de que os marchéis.

Asentaos donde queráis, pero no entre nosotros.

Es hora de que os marchéis

A morir donde queráis, pero no entre nosotros

Porque tenemos trabajo en nuestra tierra

Y aquí tenemos el pasado,

La voz inicial de la vida,

Y tenemos el presente y el futuro,

Aquí tenemos esta vida y la otra.

Marchaos de nuestra tierra,

De nuestro suelo, de nuestro mar,

De nuestro trigo, de nuestra sal, de nuestras heridas,

De todo... marchaos

De los recuerdos de la memoria,

Pasajeros entre palabras fugaces.




TENGO LA SABIDURÍA DEL CONDENADO A MUERTE


Tengo la sabiduría del condenado a muerte:

No tengo cosas que me posean.

He escrito mi testamento con mi sangre:

“¡Confiad en el agua, moradores de mis canciones!”.

He dormido ensangrentado y coronado con mi mañana...

He soñado que el corazón de la tierra era mayor que

Su mapa

Y más claro que sus espejos y mi cadalso.

He creído que una nube blanca me

Ascendía,

Como si yo fuera una abubilla con el viento por alas.

Y al alba, la llamada del sereno

Me despierta de mi sueño y de mi lenguaje:

Vivirás en otro cadáver.

Modifica tu último testamento.

Se ha retrasado la fecha de la segunda ejecución.

¿Hasta cuándo?, pregunto.

Esperaré a que mueras más.

No tengo cosas que me posean, respondo,

He escrito mi testamento con mi sangre:

“¡Confiad en el agua,

moradores de mis canciones!”

Y yo, aunque fuera el último,

Encontraría las palabras suficientes...

Cada poema es un cuadro.

Pintaré ahora para las golondrinas

El mapa de la primavera,

para los que pasan por la acera, el azufaifo

y para las mujeres el lapislázuli...

El camino me llevará

Y yo le llevaré a hombros

Hasta que las cosas recobren su imagen

Verdadera,

Luego oiré lo genuino:

Cada poema es una madre

Que busca a su hijo en las nubes,

Cerca del pozo de agua.

“Hijo, te daré el relevo.

Estoy encinta”.

Cada poema es un sueño.

He soñado que soñaba.

Me llevará y le llevaré

Hasta que escriba la última línea

En el mármol de la tumba:

“Me he dormido para volar”.

Y llevaré al Mesías zapatos de invierno

Para que camine como los demás

Desde lo alto de la montaña hasta el lago.




¿CUÁNTAS VECES TERMINARÁ LO NUESTRO?

Contempla sus días en el humo de los cigarros,

mira el reloj de bolsillo:

si pudiera, pausaría su sonido

para aplazar la maduración de la avena.

Él sale de sí mismo agotado, impaciente.

El tiempo de la mies ha llegado.

Las espigas son pesadas, las hoces descuidadas

y el país

se aleja ahora de su puerta profética.

El verano del Líbano me habla de

mis viñas en el Sur.

El verano del Líbano me habla

del más allá de la naturaleza,

pero mi camino hacia Dios comienza

desde una estrella en el Sur...

- ¿Me hablas, padre?

- Ellos han fijado una tregua en la isla de

Rodas, hijo.

- ¿Y qué tenemos nosotros que ver con eso, padre?

- Y se ha terminado todo.

- ¿Cuántas veces terminará lo nuestro, padre?

- Ya se ha terminado. Han cumplido con su deber:

Han disparado con fusiles rotos contra los aviones enemigos.

Hemos cumplido con nuestro deber. Nos hemos alejado de

los acedaraques para no mover la gorra del jefe militar.

Hemos vendido los anillos de nuestras mujeres

para que cazaran pájaros, hijo.



- ¿Pero entonces, padre, nos quedaremos aquí,

bajo el sauce del viento,

entre los cielos y el mar?

- Hijo mío, todo aquí

se asemejará a algo de allí.

Seremos a nuestra imagen y semejanza

por las noches,

y la estrella eterna de la semejanza

nos consumirá.



- Padre, aligérame del peso de tus palabras.

- He dejado las ventanas abiertas al arrullo

de las palomas,

he dejado mi rostro en el brocal del pozo,

he dejado a las palabras charlando a su antojo,

colgadas en el armario,

he dejado a la oscuridad en su noche,

envuelta en la lana de mi espera,

he dejado a las nubes tendiendo sus zaragüelles

en la higuera,

he dejado al sueño engendrando al sueño

y he dejado a la paz sola,

allí en la tierra...

- ¿Estabas soñando en mi vigilia, padre?

- Levántate. Regresaremos, hijo mío.



EN EL LARGO ÉXODO TE AMO MÁS

En el largo éxodo te amo más. Dentro de poco

cerrarás la ciudad. Yo no tengo corazón en tus manos ni

camino que me lleve. En el largo éxodo te amo más.

El granado de nuestro honor, después de tu pecho, ha perdido su savia. Leves son las palmeras,

las colinas, nuestras calles en el crepúsculo

y la tierra cuando se despide de su tierra. Leves son las palabras

y los cuentos sobre las escaleras de la noche. Pero mi corazón es pesado.

Déjalo allí, aullando en torno a tu casa y llorando los bellos días.

No tengo más patria que ella. Al partir te amo más.

Vacío el alma de las últimas palabras: te amo más.

Al partir, las mariposas guían nuestras almas. Al partir

nos acordamos de un botón de la camisa perdido y olvidamos

la corona de nuestros días. Recordamos el olor del sudor con perfume de melocotón y olvidamos

la danza de los caballos en la noche de bodas. Al partir

nos igualamos al pájaro, nos apiadamos de nuestros días y nos contentamos con poco.

Me basta de ti el puñal dorado que hacía danzar mi corazón moribundo.

Mátame lentamente y diré: te amo más de lo que

dije antes del gran éxodo. Te amo. Nada me causa dolor,

ni el aire ni el agua ni la albahaca en tu mañana ni

el lirio en tu tarde me causa dolor después de este éxodo.



NOSOTROS AMAMOS LA VIDA

Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella,

bailamos entre dos mártires y erigimos entre ellos un alminar de violetas o una palmera.



Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.



Robamos un hilo al gusano de seda para construir nuestro cielo y concluir este éxodo.

Abrimos la puerta del jardín para que el jazmín salga a las calles cual hermosa mañana.



Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.



Allá donde estemos, cultivamos plantas que crecen deprisa y recogemos mártires.

Soplamos en la flauta el color de la lejanía, dibujamos un relincho en el polvo del camino

y escribimos nuestros nombres piedra tras piedra. ¡Oh, relámpago! Ilumina para nosotros la noche, ilumínala un poco.



Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.


Fallecido el sábado 9 de agosto de 2008 tras ser sometido a una intervención quirúrgica en el hospital Memorial Hermann de Houston.

Publicado por Goizeder @ 21:43  | Mahmud DARWISH
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por mcsandoval
Mi?rcoles, 26 de abril de 2006 | 17:46
Voy a daros un poco de envidia. El domingo estuve viendo a Darwish en Cosmopo?tica (C?rdoba). Por la noche, en la cena de clausura del encuentro, estaba sentado en mi misma mesa (aunque, la verdad, no me atrev? a decirle ni p?o).

mariocuencasandoval.blogia.com
Publicado por Goizeder
Jueves, 27 de abril de 2006 | 13:20
Pues s? que me la das, s? jajajaj
Una pena no haberlo sabido, hubiera podido ir!!! ay...