Domingo, 11 de diciembre de 2005
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Neruda: Se?oras...

Lorca: y se?ores: Existe en la fiesta de los toros una suerte llamada "toreo al alim?n" en que dos toreros hurtan su cuerpo al toro cogidos de la misma capa.

N.: Federico y yo, amarrados por un alambre el?ctrico, vamos a parear y a responder esta recepci?n muy decisiva.

L.- Es costumbre en estas reuniones que los poetas muestren su palabra viva, plata o madera, y saluden con su voz propia a sus compa?eros y amigos.

N.: Pero nosotros vamos a establecer entre vosotros un muerto, un comensal viudo, oscuro en las tinieblas de una muerte m?s grande que otras muertes, viudo de la vida, de quien fuera en su hora marido deslumbrante. Nos vamos a esconder bajo su sombra ardiendo, vamos a repetir su nombre hasta que su poder salte del olvido.

L.: Nosotros vamos, despu?s de enviar nuestro abrazo con ternura de ping?ino al delicado poeta Amado Villar, vamos a lanzar un gran hombre sobre el mantel, en la seguridad de que se han de romper las copas, han de saltar los tenedores, buscando el ojo que ellos ans?an y un golpe de mar ha de manchar los manteles. Nosotros vamos a nombrar al poeta de Am?rica y de Espa?a: Rub?n...

N.: Dar?o.Porque, se?oras...

L.: y se?ores...

N.: D?nde est?, en Buenos Aires, la plaza de Rub?n, Dar???

L.:D?nde est? la estatua de Rub?n Dar?o?

N.: El amaba los parques. D?nde est? el parque Rub?n Dar?o?

L.: D?nde est? la tienda de rosas de Rub?n Dar?o?

N.: D?nde esta el manzano y las manzanas de Rub?n Dar?o?

L.: D?nde est? la mano cortada de Rub?n Dar?o?

N.: D?nde est? el acento la resina, el cisne de Rub?n Dar?o?

L.: Rub?n Dar?o duerme en su "Nicaragua natal" bajo su espantoso le?n de marmolina, como esos leones que los ricos ponen en los portales de sus casas.

N.: Un le?n de botica, a ?l, fundador de leones, un le?n sin estrellas a quien dedicaba estrellas.

L.: Dio el rumor de la selva con un adjetivo, y como fray Luis de Granada, jefe de idioma, hizo signos estelares con el lim?n, y la pata de ciervo, y los moluscos llenos de terror e infinito: nos puso al mar con fragatas y sombras en las ni?as de nuestros ojos y construy? un enorme paseo de Gin sobre la tarde m?s gris que ha tenido el cielo, y salud? de t? a t? el ?brego oscuro, todo pecho, como un poeta rom?ntico, y puso la mano sobre el capitel corintio con una duda ir?nica y triste, de todas las ?pocas.

N.: Merece su nombre rojo recordarlo en sus direcciones esenciales con sus terribles dolores del coraz?n, su incertidumbre incandescente, su descenso a los hospitales del infierno, su subida a los castillos de la fama, sus atributos de poeta grande, desde entonces y para siempre e imprescindible.

L.: Como poeta espa?ol ense?? en Espa?a a los viejos maestros y a los ni?os, con un sentido de universalidad y de generosidad que hace falta en los poetas actuales. Ense?? a Valle Incl?n y a Juan Ram?n Jim?nez, y a los hermanos Machado, y su voz fue agua y salitre, en el surco del venerable idioma. Desde Rodrigo Caro a los Argensolas o don Juan Arguijo no hab?a tenido el espa?ol fiestas de palabras, choques de consonantes, luces y forma como en Rub?n Dar?o. Desde el paisaje de Vel?zquez y la hoguera de Goya y desde la melancol?a de Quevedo al culto color manzana de las payesas mallorquinas, Dar?? pase? la tierra de Espa?a como su propia tierra.

N.: Lo trajo a Chile una marea, el mar caliente del Norte, y lo dej? all? el mar, abandonado en costa dura y dentada, y el oc?ano lo golpeaba con espumas y campanas, y el viento negro de Valpara?so lo llenaba de sal sonora. Hagamos esta noche su estatua con el aire, atravesada por el humo y la voz y por las circunstancias, y por la vida, como ?sta su po?tica magn?fica, atravesada por sue?os y sonidos.

L.: Pero sobre esta estatua de aire yo quiero poner su sangre como un ramo de coral, agitado por la marea, sus nervios id?nticos a la fotograf?a de un grupo de rayos, su cabeza de minotauro, donde la nieve gongorina es pintada por un vuelo de colibr?s, sus ojos vagos y ausentes de millonario de l?grimas, y tambi?n sus defectos. Las estanter?as comidas ya por los jaramagos, donde suenan vac?os de flauta, las botellas de co?ac de su dram?tica embriaguez, y su mal gusto encantador, y sus ripios descarados que llenan de humanidad la muchedumbre de sus versos. Fuera de normas, formas y escuelas queda en pie la fecunda substancia de su gran poes?a.

N.: Federico Garc?a Lorca, espa?ol, y yo, chileno, declinamos la responsabilidad de esta noche de camaradas, hacia esa gran sombra que cant? m?s altamente que nosotros, y salud? con voz inusitada a la tierra argentina que pisamos.

L.: Pablo Neruda, chileno, y yo, espa?ol, coincidimos en el idioma y en el gran poeta, nicarag?ense, argentino, chileno y espa?ol, Rub?n Dar?o.

N. y L.: Por cuyo homenaje y gloria levantamos nuestro vaso.
Publicado por wineruda @ 19:10  | Poes?a Imprescindible
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por apostillasliterarias
Viernes, 16 de diciembre de 2005 | 8:01
Recuerdo la primera vez que le? este discurso alim?n y me imagin? la tertulia, debi? de ser fabuloso encontrarse ah?, escuchando, y mirando, a dos grandes.

Muchos saludos

Apostillas
Magda
Publicado por wineruda
Viernes, 16 de diciembre de 2005 | 14:38
hola magda
aun existe otro discurso, que Neruda nombra en sus memorias que ando buscando, aunque supongo que ser? imposible
un saludo
wineruda