Viernes, 06 de enero de 2006
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Autobiograf?a

Escrita en Berl?n Oriental el 11.9.1961

Nac? en 1902.
Jam?s he vuelto a mi ciudad natal.
No me gusta volver atr?s.
A los tres a?os, en Halep, ejercit? la profesi?n de nieto de Pach?,
a los diez y nueve la de estudiante de la Universidad de Mosc?,
a los cuarenta y nueve otra vez en Mosc?:
y desde los catorce a?os escribo poes?as.
Hay hombres que conocen mil variedades de hierbas, otros
conocen variedades de peces,
yo, de separaciones.
Hay hombres que saben de memoria el nombre de cada estrella,
yo, el de las nostalgias.
He dormido en las c?rceles y en los grandes hoteles.
He pasado hambre. Casi no existe plato que no haya probado
incluido el de la huelga del hambre.
A los treinta a?os han querido ahorcarme,
a los cuarenta y ocho quisieron concederme la medalla de la Paz
y me la concedieron.
A los treinta y seis, necesit? seis meses pera recorrer
cuatro metros cuadrados de sombr?o hormig?n.
A los cincuenta y nueve, en diez y ocho horas vol? desde Praga a La Habana.
En 1951, en un mar, en compa??a de un amigo,
anduve sobre la muerte.
En 1952, con un coraz?n cascado, tendido sobre la espalda,
esper? a la muerte m?s de cuatro meses.
Fui locamente celoso de las mujeres a las que am?.
No le tuve ninguna envidia a nadie, ni siquiera a Chorlot.
Enga?? a mis mujeres.
Nunca habl? mal detr?s de mis amigos.
He bebido, sin llegar nunca a borrach?n.
Siempre con el sudor de mi frente
gan? mi dinero ?Qu? suerte pera m?!
Sent? verg?enza ajena. Ment?.
Ment? por piedad.
Pero nunca dije mentiras porque s?.
He subido en tren, en avi?n, en coche.
La mayor?a no lo consigue.
He ido a la ?pera.
La mayor?a no consigue ir
a la mezquita, la iglesia, el templo, la sinagoga, los hechiceros;
ni siquiera ha o?do hablar de la ?pera.
Sin embargo, desde los 21 a?os no voy
a muchos de los sitios adonde va la mayor?a,
pero suelo hecerme leer el porvenir
en los posos del caf?.
Mis escritos est?n impresos en cuarenta idiomas
y prohibidos en mi Turqu?a, en mi propia lengua.
No tengo a?n el c?ncer,
tampoco es obligaci?n padecerlo.
Nunca ser? primer ministro o cosa perecida,
tampoco me gustar?a serlo.
No fui a la guerra
pero tampoco baj? a los refugios en medio de la noche.
No me arrastr? en las carreteras
huyendo de los aviones que vuelan a ras de tierra.
Cerca de los sesenta me enamor?.
En pocas palabras, amigos m?os
aunque est? hoy en Berl?n, muriendo de nostalgia,
puedo afirmar
que he vivido como un hombre.
En el tiempo que me queda por vivir
?qu? podr? ocurrirme a?n?
?Chi lo sa ?
Publicado por wineruda @ 18:33  | Poes?a Imprescindible
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