Martes, 10 de enero de 2006
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La insignia

Alocuci?n poem?tica


?HAB?IS hablado ya todos?
?Hab?is hablado ya todos los espa?oles?
Ha hablado el gran responsable revolucionario,
y los peque?os responsables;
ha hablado el alto comisario,
y los comisarios subalternos;
han hablado los partidos pol?ticos,
han hablado los gremios,
los Comit?s,
y los Sindicatos,
han hablado los obreros y los campesinos;
han hablado los menestrales:
ha hablado el peluquero,
el mozo de caf?
y el limpiabotas.
Y han hablado los eternos demagogos tambi?n.
Han hablado todos.
Creo que han hablado todos.
?Falta alguno?
?Hay alg?n espa?ol que no haya pronunciado su palabra?...
?Nadie responde?... (Silencio). Entonces falto yo s?lo.
Porque el poeta no ha hablado todav?a.
?Qui?n ha dicho que ya no hay poetas en el mundo?
?Qui?n ha dicho que ya no hay profetas?
Un d?a, los reyes y los pueblos,
para olvidar su destino fatal y dram?tico
y para poder suplantar el sacrificio con el cinismo y con la pirueta,
substituyeron al profeta por el buf?n.
Pero el profeta no es m?s que la voz vern?cula de un pueblo,
la voz leg?tima de su Historia,
el grito de la tierra primera que se levanta en el barullo del mercado, sobre el vocer?o
de los traficantes.
Nada de orgullos
Ni jerarqu?as divinas ni genealog?as eclesi?sticas.
La voz de los profetas -recordadla-
Es la que tiene m?s sabor de barro.
De barro,
del barro que ha hecho al ?rbol -al naranjo y al pino-
del barrio que ha formado
nuestro cuerpo tambi?n.
Yo no soy m?s que una voz -la tuya, la de todos-
la m?s genuina,
la m?s general,
la m?s aborigen ahora,
la m?s antigua de esta tierra.
La voz de Espa?a que hoy se articula en mi garganta, como pudo articularse en otra
cualquiera.
Mi voz no es m?s que la onda de la tierra,
de nuestra tierra,
que me coge a m? hoy como una antena propicia.
Escuchad,
escuchad, espa?oles revolucionarios,
escuchad de rodillas.
No os arrodill?is ante nadie.
Os arrodill?is ante vosotros mismos,
ante vuestra misma voz,
ante vuestra misma voz que casi hab?ais olvidado.
De rodillas. Escuchad.
Espa?oles,
espa?oles revolucionarios,
espa?oles de la Espa?a leg?tima,
que lleva en sus manos el mensaje genuino de la raza para colocarlo humildemente
en el cuadro armonioso de la Historia Universal de ma?ana,
y junto al es fuerzo generoso de todos los pueblos del mundo...
escuchad:
Ah? est?n -miradlos-
ah? est?n, los conoc?is bien.
Andan por toda Valencia,
est?n en la retaguardia de Madrid
y en la retaguardia de Barcelona tambi?n.
Est?n en todas las retaguardias.
Son los Comit?s,
los partidillos,
las bander?as,
los Sindicatos,
los guerrilleros criminales de la retaguardia ciudadana.
Ah? los ten?is.
Abrazados a su bot?n reciente,
guard?ndole,
defendi?ndole,
con una avaricia que no tuvo nunca el m?s degradado burgu?s.
?A su bot?n!
?Abrazados a su bot?n!
Porque no ten?is m?s que bot?n.
No le llam?is ni incautaci?n siquiera.
El bot?n se hace derecho leg?timo cuando est? sellado por una victoria ?ltima y heroica.
Se va de lo dom?stico a lo hist?rico,
y de lo hist?rico a lo ?pico.
Este ha sido siempre el orden que ha llevado la conducta del espa?ol en la Historia,
en el ?gora
y hasta en sus transacciones,
que por eso se ha dicho siempre que el espa?ol no aprende nunca bien el oficio de mercader.
Pero ahora,
en esta revoluci?n,
el orden se ha invertido.
Hab?is empezado por lo ?pico,
hab?is pasado por lo hist?rico
y ahora aqu?,
en la retaguardia de Valencia,
frente a todas las derrotas,
os hab?is parado en la domesticidad.
Y aqu? est?is anclados,
Sindicalistas,
Comunistas,
Anarquistas,
Socialistas,
Trotskistas,
Republicanos de Izquierda...
Aqu? est?is anclados,
custodiando la rapi?a,
para que no se la lleve vuestro hermano.
La curva hist?rica del arist?crata, desde su origen popular y heroico hasta su ?ltima
degeneraci?n actual, cubre en Espa?a m?s de tres siglos.
La del burgu?s, setenta a?os.
Y la vuestra, tres semanas.
?D?nde est? el hombre?
?D?nde est? el espa?ol?
Que no he de ir a buscarle al otro lado.
El otro lado es la tierra maldita, la Espa?a maldita de Ca?n, aunque la haya bendecido el Papa.
Si el espa?ol est? en alg?n sitio, ha de ser aqu?.
Pero, ?d?nde, d?nde?...
Porque vosotros os hab?is parado ya
y no hac?is m?s que enarbolar todos los d?as nuevas banderas con las camisas rotas
y con los trapos sucios de la cocina.
Y si entrasen los fascistas en Valencia ma?ana, os encontrar?an a todos haciendo
guardia ante las cajas de caudales.
Esto no es derrotismo, como dec?s vosotros.
Yo s? que mi l?nea no se quiebra,
que no la quiebran los hombres,
y que tengo que llegar hasta Dios para darle cuenta de algo que puso en mis manos
cuando naci? la primera substancia espa?ola.
Esto es l?gica inexorable.
Vencen y han vencido siempre en la Historia inmediata, el pueblo y el ej?rcito que
han tenido un punto de convergencia, aunque este punto sea tan endeble y
tan absurdo como una medalla de aluminio bendecida por un cura sanguinario.
Es la insignia de los fascistas.
Esta medalla es la insignia de los fascistas.
Una medalla ensangrentada de la Virgen.
Muy poca cosa.
Pero, ?qu? ten?is vosotros ahora que os una m?s?
Pueblo espa?ol revolucionario,
?est?s solo!
?Solo!
Sin un hombre y sin un s?mbolo.
Sin un emblema m?stico donde se condense el sacrificio y la disciplina.
Sin un emblema solo donde se hagan bloque macizo y ?nico todos tus esfuerzos y
todos tus sue?os de redenci?n.
Tus insignias,
tus insignias plurales y enemigas a veces, se las compras en el mercado caprichosamente
al primer chamarilero de la Plaza de Castelar,
de la Puerta del Sol
o de las Ramblas de Barcelona.
Has agotado ya en mil combinaciones ego?stas y heterodoxas todas las letras del alfabeto.
Y has puesto de mil maneras diferentes, en la gorra y en la zamarra
el rojo
y el negro,
la hoz,
el martillo
y la estrella.
Pero a?n no tienes una estrella SOLA,
Despu?s de haber escupido y apagado la de Belem.
Espa?oles,
espa?oles que viv?s el momento m?s tr?gico de toda nuestra Historia,
?est?is solos!
?Solos!
El mundo,
todo el mundo es nuestro enemigo, y la mitad de nuestra sangre -la sangre podrida
y bastarda de Ca?n- se ha vuelto contra nosotros tambi?n.
?Hay que encender una estrella!
?Una sola, s?!
Hay que levantar una bandera.
?Una sola, s?!
Y hay que quemar las naves.
De aqu? no se va m?s que a la muerte o a la victoria.
Todo me hace pensar que a la muerte.
No porque nadie me defiende
sino porque nadie me entiende.
Nadie entiende en el mundo la palabra "justicia". Ni vosotros siquiera.
Y mi misi?n era estamparla en la frente del hombre
y clavarla despu?s en la Tierra
como el estandarte de la ?ltima victoria.
Nadie me entiende.
Y habr? que irse a otro planeta
con esta mercanc?a in?til aqu?,
con esta mercanc?a ib?rica y quijotesca.
?Vamos a la muerte!
Sin embargo,
a?n no hemos perdido aqu? la ?ltima batalla,
la que se gana siempre pensando que ya no hay m?s salida que la muerte.
?Vamos a la muerte!
Este es nuestro lema.
Que se despierte Valencia y que se ponga la mortaja.
?Gritad,
gritad todos.
T?, el pregonero y el speaker,
echad bandos,
encended las esquinas con letras rojas
que anuncien esta sola proclama:
?Vamos a la muerte!
Que lo oigan todos. Todos.
Los que trafican con el silencio
Y los que trafican con las insignias.
Chamarileros de la Plaza de Castelar,
chamarileros de la Puerta del Sol,
chamarileros de las Ramblas de Barcelona
destrozad,
quemad vuestra mercanc?a.
Ya no hay insignias dom?sticas,
ya no hay insignias de lat?n.
Ni para los gorros
ni para las zamarras.
Ya no hay c?dulas de identificaci?n.
Ya no hay m?s cartas legalizadas
ni por los Comit?s
ni por los Sindicatos.
?Que les quiten a todos los carnets!
Ya no hay m?s que un problema.
Ya no hay m?s que una estrella,
Una sola, SOLA, y ROJA, s?,
pero de sangre y en la frente,
que todo espa?ol revolucionario ha de hac?rsela
hoy mismo,
ahora mismo
y con sus propias manos.
Preparad los cuchillos,
aguzad las navajas,
calentad al rojo vivo los hierros.
Id a las fraguas.
Que os pongan en la frente el sello de la justicia.
Madres,
madres revolucionarias,
estampad este grito indeleble de justicia
en la frente de vuestros hijos.
All? donde hab?is puesto siempre vuestros besos m?s limpios.
(Esto no es una imagen ret?rica.
Yo no soy el poeta de la ret?rica.
Ya no hay ret?rica.
La revoluci?n ha quemado
todas las ret?ricas.)
Que nadie os enga?e m?s.
Que no haya pasaportes falsos
ni de papel
ni de cart?n
ni de hojadelata.
Que no haya m?s disfraces
ni para el t?mido
ni para el fr?volo
ni para el hip?crita
ni para el clown
ni para el comediante.
Que no haya m?s disfracesv ni para el esp?a que se sienta a vuestro lado en el caf?,
ni para el emboscado que no sale de su madriguera.
Que no se escondan m?s en un indumento proletario esos que aguardan a Franco con
las ?ltimas botellas de champ?n en la bodega.
Todo aquel que no lleve ma?ana este emblema espa?ol revolucionario, este grito de
?Justicia! sangrando en la frente, pertenece a la Quinta Columna.
Ninguna salida ya
a las posibles traiciones.
Que no piense ya nadie
en romper documentos comprometedores
ni en quemar ficheros
ni en tirar la gorra a la cuneta
en las hu?das premeditadas.
Ya no hay hu?das.
En Espa?a ya no hay m?s que dos posiciones fijas e inconmovibles.
Para hoy y para ma?ana.
La de los que alzan la mano para decir c?nicamente: "Yo soy un bastardo espa?ol"
y la de los que la cierran con ira para pedir justicia bajo los cielos implacables.
Pero ahora este juego de las manos ya no basta tampoco.
Hace falta m?s.
Hacen falta estrellas, s?, muchas estrellas,
pero de sangre,
porque la retaguardia tiene que dar la suya tambi?n.
Una estrella de sangre roja,
de sangre roja espa?ola.
Que no haya ya quien diga:
esa estrella es de sangre extranjera.
Y que no sea obligatoria tampoco.
Que ma?ana no pueda hablar nadie de imposiciones,
que no pueda decir ninguno que se le puso la pistola en el pecho.
Es un tatuaje revolucionario, s?.
Yo soy revolucionario,
Espa?a es revolucionaria,
Don Quijote es revolucionario.
Lo somos todos. Todos.
Todos los que sienten este sabor de justicia que hay en nuestra sangre y que se nos
hace hiel y ceniza cuando sopla el viento del norte.
Es un tatuaje revolucionario,
pero espa?ol.
Y heroico tambi?n.
Y voluntario adem?s.
Es un tatuaje que buscamos s?lo para definir nuestra fe.
No es m?s que una definici?n de fe.
Hay dos vientos hoy que sacuden furiosos a los hombres de Espa?a,
dos r?fagas fatales que empujan a los hombres de Valencia.
El viento dram?tico de los grandes destinos, que arrastra a los h?roes a la victoria o
a la muerte,
y la r?faga de los p?nicos incontrolables que se lleva la carne muerta y podrida de los
naufragios a las playas de la cobard?a y del silencio.
Hay dos vientos, ?no los o?s?
Hay dos vientos, espa?oles de Valencia.
El uno va a la Historia.
El otro va al silencio.
El uno va a la ?pica.
El otro a la verg?enza.
Responsables:
El gran responsable y los peque?os responsables:
Abrid las puertas,
derribad las vallas de los Pirineos.
Dadle camino franco
a la r?faga amarilla de los que tiemblan.
Una vez m?s ver? el reba?o de los cobardes huir hacia el ludibrio.
Una vez m?s ver? en piara la cobard?a.
Os ver? otra vez
rob?ndole el asiento
a los ni?os y a las madres.
Os ver? otra vez.
Pero vosotros os estar?is viendo siempre.
Un d?a morir?is fuera de vuestra Patria. En la cama tal vez. En una cama de s?banas
blancas, con los pies desnudos (no con los zapatos puestos, como ahora se muere en Espa?a), con los pies desnudos y ungidos, acaso, con los ?leos santos. Porque morir?is muy santamente, y de seguro con un crucifijo y con una oraci?n de arrepentimiento en los labios. Estar?is ya casi con la muerte, que llega siempre. Y os acordar?is -?claro que os acordar?is!- de esta vez que la huist?is y la burl?steis, usurp?ndole el asiento a un ni?o en un autob?s de evacuaci?n. Ser? vuestro ?ltimo pensamiento. Y all?, al otro lado, cuando ya no se?is m?s que una conciencia suelta, en el tiempo y en el espacio, y cai g?is precipitados al fin en los tormentos dantescos -porque o creo en el infierno tambi?n- no os ver?is m?s que as?, siempre, siempre, siempre,
rob?ndole el asiento a un ni?o en un autob?s de evacuaci?n.
El castigo del cobarde ya sin paz y sin salvaci?n por toda la eternidad.
No importa que no tengas un fusil,
qu?date aqu? con tu fe.
No oigas a los que dicen: la hu?da puede ser una pol?tica.
No hay m?s pol?tica en la Historia que la sangre.
A m? no me asusta la sangre que se vierta,
a m? me alegra la sangre que se vierte.
Hay una flor en el mundo que s?lo puede crecer si se la riega con sangre.
La sangre del hombre
est? hecha no s?lo para mover su coraz?n
sino para llenar los r?os de la Tierra,
las venas de la Tierra, y mover el coraz?n del mundo.
?Cobardes: hacia los Pirineos, al destierro!
?H?roes: a los frentes, a la muerte!
Responsables:
el grande y los peque?os responsables:
organizad el hero?smo,
unificad el sacrificio.
Un mando ?nico. S?.
Pero para el ?ltimo martirio.
?Vamos a la muerte!
Que lo oiga todo el mundo.
Que lo oigan los esp?as.
?Qu? importa ya que lo oigan los esp?as?
Que lo oigan ellos, los bastardos.
?Qu? importa ya que lo oigan los bastardos?
?Qu? importan ya todas esas voces de all? abajo,
si empezamos a cabalgar sobre la ?pica?
A estas alturas de la Historia ya no se oye nada.
Se va hacia la muerte...
y abajo queda el mundo de las raposas,
y de los que pactan con las raposas.
Abajo quedas t?, Inglaterra,
vieja raposa avarienta,
que tienes parada la Historia de Occidente hace m?s de tres siglos
y encadenado a Don Quijote.
Cuando acabe tu vida
y vengas ante la Historia grande
donde te aguardo yo,
?qu? vas a decir?
?Qu? astucia nueva vas a inventar entonces para enga?ar a Dios?
?Raposa!
?Hija de raposos!
Italia es m?s noble que t?.
Y Alemania tambi?n.
En sus rapi?as y en sus cr?menes
hay un turbio h?lito nietzscheano de hero?smo en el que no pueden respirar los mercaderes,
un gesto impetuoso y confuso de jug?rselo todo a la ?ltima carta, que no pueden
comprender los hombres pragm?ticos.
Si abriesen sus puertas a los vientos del mundo,
si las abriesen de par en par,
y pasasen por ellas la Justicia
y la Democracia Heroica del hombre,
yo pactar?a con las dos para echar sobre tu cara de vieja raposa sin dignidad y sin amor
toda la saliva y todo el excremento del mundo.
?Vieja raposa avarienta:
has escondido,
soterrado en tu corral,
la llave milagrosa que abre la puerta diamantina de la Historia...
No sabes nada.
No entiendes nada y te metes en todas las casas
a cerrar ventanas
y a cegar la luz de las estrellas!
Y los hombres te ven y te dejan.
Te dejan porque creen que ya se les han acabado los rayos a J?piter.
Pero las estrellas no duermen.
No sabes nada.
Has amontonado tu rapi?a detr?s de la puerta, y tus hijos, ahora, no pueden abrirla
para que entren los primeros rayos de la aurora nueva del mundo.
Vieja raposa avarienta,
eres un gran mercader.
Sabes llevar muy bien
las cuentas de la cocina
y piensas que yo no s? contar.
S? s? contar.
He contado mis muertos.
Los he contado todos,
los he contado uno por uno.
Los he contado en Madrid,
los he contado en Oviedo,
los he contado en M?laga,
los he contado en Guernica,
los he contado en Bilbao...
Los he contado en todas las trincheras,
en los hospitales,
en los dep?sitos de los cementerios,
en las cunetas de las carreteras,
en los escombros de las casas bombardeadas.
Contando muertos este oto?o por el Paseo de El Prado, cre? una noche que caminaba
sobre barro, y eran sesos humanos que tuve por mucho tiempo pegados a
la suela de mis zapatos.
El 18 de noviembre, s?lo en un s?tano de cad?veres, cont? trescientos ni?os muertos...
Los he contado en los carros de las ambulancias,
en los hoteles,
en los tranv?as,
en el Metro...,
en las ma?anas l?vidas,
en las noches negras sin alumbrado y sin estrellas...
y en tu conciencia todos...
Y todos te los he cargado a tu cuenta.
?Ya ves si s? contar!
Eres la vieja portera del mundo de Occidente,
tienes desde hace mucho tiempo las llaves de todos los postigos de Europav y puedes dejar entrar y salir a quien se te antoje.
Y ahora, por cobard?a,
por cobard?a nada m?s,
porque quieres guardar tu despensa hasta el ?ltimo d?a de la Historia,
has dejado meterse en mi solar
a los raposos y a los lobos confabulados del mundo
para que se sacien en mi sangre
y no pidan enseguida la tuya.
Pero ya la pedir?n,
ya la pedir?n las estrellas...
Y aqu? otra vez,
aqu?
en estas alturas solitarias.
Aqu?,
donde se oye sin descanso la voz milenaria
de los vientos,
del agua y de la arcilla
que nos ha ido formando a todos los hombres.
Aqu?, donde no llega el desgalitado vocer?o de la propaganda mercenaria.
Aqu?,
donde no tiene resuello ni vida el asma de los diplom?ticos.
Aqu?,
donde los comediantes de la Sociedad de Naciones no tienen papel.
Aqu?, aqu?
ante la Historia,
ante la Historia grande
(la otra,
la que vuestro orgullo de gusanos ense?a a los ni?os de las escuelas,
no es m?s que un registro de mentiras
y un ?ndice de cr?menes y vanidades).
Aqu?, aqu?
bajo la luz de las estrellas,
sobre la tierra eterna y pr?stina del mundo
y en la presencia misma de Dios.
Aqu?, aqu?, aqu?
quiero decir ahora mi ?ltima palabra:
Espa?oles,
espa?oles revolucionarios:
?El hombre se ha muerto!
Callad, callad.
Romped los altavoces
y las antenas,
arrancad de cuajo todos los carteles que anuncian vuestro drama en las esquinas del mundo.
?Denuncias? ?Ante qui?n?
Romped el Libro Blanco,
no volv?is m?s vuestra boca con llamadas y lamentos hacia la tierra vac?a.
?El hombre se ha muerto!
Y s?lo las estrellas pueden formar ya el coro de nuestro tr?gico destino.
No grit?is ya m?s vuestro martirio.
El martirio no se pregona,
se soporta
y se echa en los hombros como un legado y como un orgullo.
La tragedia es m?a,
m?a,
que no me la robe nadie.
Fuera,
Fuera todos.
Todos.
Yo aqu? sola.
Sola
bajo las estrellas y los Dioses.
?Qui?nes sois vosotros?
?Cu?l es vuestro nombre?
?De qu? vientre ven?s?
Fuera... Fuera... ?Raposos!
Aqu?,
yo sola. Sola,
con la Justicia ahorcada.
Sola,
con el cad?ver de la Justicia entre mis manos.
Aqu?
yo sola, sola
con la conciencia humana,
quieta,
parada,
asesinada para siempre
en esta hora de la Historia
y en esta tierra de Espa?a,
por todos los raposos del mundo.
Por todos,
por todos.
?Raposos!
?Raposos!
?Raposos!
El mundo no es m?s que una madriguera de raposos y la Justicia una flor que ya no prende en ninguna latitud.
Espa?oles,
espa?oles revolucionarios.
?Vamos a la muerte!
Que lo oigan los esp?as.
?Qu? importa ya que lo oigan los esp?as?
Que lo oigan ellos, los bastardos.
?Qu? importa ya que lo oigan los bastardos?
A estas alturas de la Historia
ya no se oye nada.
Se va hacia la muerte
y abajo queda el mundo irrespirable de los raposos y de los que pactan con los raposos.
?Vamos a la muerte!
?Que se despierte Valencia
y que se ponga la mortaja!...EP?LOGO
Escuchad todav?a...
Refrescad antes mis labios y mi frente... tengo sed...
Y quiero hablar con palabras de amor y de esperanza.
O?d ahora:
la Justicia vale m?s que un imperio, aunque este imperio abarque toda la curva del Sol.
Y cuando la Justicia est? herida de muerte y nos llama en agon?a desesperada, no podemos decir:
"yo aun no estoy preparado".
Esto est? escrito en mi Biblia,
en mi Historia,
en mi Historia infantil y grotesca,
y mientras los hombres no lo aprendan el mundo no se salva.
Yo soy el grito primero, c?rdeno y bermejo, de las grandes auroras de Occidente.
Ayer, sobre mi sangre ma?anera, el mundo burgu?s edific? en Am?rica todas sus factor?as y mercados,
sobre mis muertos de hoy, el mundo de ma?ana levantar? la Primera Casa del Hombre.
Y yo volver?,
volver? porque aun hay lanzas y hiel sobre la Tierra.
Volver?,
volver? con mi pecho y con la Aurora otra vez.
Publicado por Goizeder @ 14:24  | Poes?a Imprescindible
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