miércoles, 15 de marzo de 2006
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PORTAS FAXEIRAS

Perdida en un café de esta ciudad de niebla
y de soslayo, oyendo una música vieja que no sé dónde
oí, respondo a esa canción, a ese olvidado
lugar, que no envolvieron, respondo, no,
que no envolvieron las sombras a la vida. Más diré
quienes fueron llegando por la senda
de los últimos pasos: sembrador de ceniza,
pasó primero el tiempo: la ciudad de la nieve,
la del helécho ensangrentado, la de la piedra temblorosa.
(Una bombilla
cuelga de su cordón. Nunca
vestida,
es siempre la señal para salir.)

Vinieron los anuncios, las voces divergentes,
más pares de zapatos cada año,
más blusas, más abrigos: la montaña
difusa que me hizo y destruí.
Dejé mi taza a un lado,
mis sombras, mis cepillos, todo eso
que se fue amontonando a mis espaldas
y quedarme en la luz bajo la luz
-esa que cuelga del cordón desnudo-,
del sitio en que no cae la ceniza
y se reparte
lo igual, que luego iría a repetirse
y a ser gemelo en todo los reflejos:
cajas y cajas con lo mismo, dentro
una de otra hasta el color menudo
que no se puede abrir y queda en montoncito
sin misterio, del lado en que no cae ni se vierte
el agua. Besa el arco
bilabial del cristal y su sonido
lo mismo que la lluvia besa el borde
y el liquen de estas piedras en que ahora
los que vienen de paso...
Sobre estas piedras que rezuman agua,
en estos campos que rezuman
agua: agua que de ellos viene
y sube al agua
del cielo en el que el agua llueve.
Dejé mi taza a un lado:
de la casa los sitios que no usé
-sillas, ángulos, huecos
vertidos a la luz, a la ondulada
mansedumbre del verde y su cautela;
piedad de las esquinas, ausencia de los pasos
que nunca di por el paciente suelo.
La casa y su silencio con el sol de otra parte
rasgando esta penumbra; los dragones
dormidos en los signos de las páginas;
la ausencia de los ojos
que el tiempo ha desprendido de las cosas, vigilia
serena de la luna en el cristal. La casa
y su lenta ascensión- vienen en ahora,
con las blusas que fui y sus roces pretéritos
que no envolvieron, no, respondo ahora,
las sombras, sino el tiempo
y su lento capullo de certeza.
Sí, rezuman agua
las ventanas de mis dedos.
Publicado por wineruda @ 16:17  | Poesía Imprescindible
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Comentarios
Publicado por Goizeder
viernes, 17 de marzo de 2006 | 23:34
Copio el discurso que pronunció el día de Andalucía cuando la nombraron Hija Predilecta en el año 2.005, me ha parecido interesante:

Sevilla 28 de febrero de 2005

Es para mí un honor y una inmensa satisfacción, que
agradezco hondamente, haber sido nombrada hija predilecta de Andalucía y estar acompañada por una poeta como María Victoria Atencia y por todos los que han merecido la Medalla de Andalucía.
Ambas distinciones son ejemplo de una Andalucía moderna, activa,sensible y, sobre todo plural y libre, en contraposición a la Andalucía de la que me fui, quedándome, hace muchos años.
Si bien todos los que han recibido hoy las medallas de
Andalucía la merecen cumplidamente, me complace y agradezco especialmente, que hayan sido galardonados María Francisca Adame, María de los Ángeles Cózar y Pablo Pineda porque sus méritos y logros se levantan sobre la base del dolor propio o del prójimo y este dolor no les abandonará nunca.
Publicado por Goizeder
viernes, 17 de marzo de 2006 | 23:36
Siento también una profunda emoción porque una de las
medallas haya sido concedida a la Universidad de Sevilla. Mi primer curso como estudiante de la Universidad Hispalense alcanzó al último año en el que se impartieron clases en la que llamábamos
"Universidad Vieja", en la calle Laraña, y no olvidaré nunca ni el patio que Cernuda menciona en Ocnos ni el olor a café de un tostadero próximo que, en verano, subía desde la calle a la biblioteca. Allí tuvimos insignes maestros y vivimos unos años difíciles, sí, pero llenos de esperanza en una España mejor aunque
esa esperanza tardara demasiado tiempo en realizarse.
Publicado por Goizeder
viernes, 17 de marzo de 2006 | 23:39
De mí se ha dicho que soy una sevillana errante. Errante,sí,pero sabiendo a donde iba y por qué. Y esto me ha hecho pensar en lo que Andalucía es y ha sido en su historia así como en otros andaluces errantes. ¿Cuántos, sin dejar de ser andaluces de Córdoba,
de Granada, de Almería, de Sevilla, de Jaén, de Cádiz, de Huelva y de Málaga llevaron a Andalucía por esos mundo: su habla, sus costumbres diversas, su compleja y variada esencia? Y entonces Andalucía me parece una tierra sin límites geográficos, ni en la historia ni en el tiempo, porque lo que llamamos cultura occidental
le debe mucho a Andalucía y a sus andaluces errantes que, como yo,nunca se sintieron extranjeros porque participamos en el dolor o la alegría de los países que nos acogieron.
Publicado por Goizeder
viernes, 17 de marzo de 2006 | 23:42
En mi casa de Galicia tengo, guardada en un libro, una ramita de olivo de la Villa de Adriano al que Marguerite Yourcenar le hace decir «soy el que era y muero sin cambiar».Su origen, es decir, el que era, parece haber estado en Itálica, donde también había nacido Trajano.
Andaluces fueron Averroes, Maimónides, sevillano era
Bartolomé de las Casas, Lebrija, ante todo un filólogo que también
dejó su tierra, como Blanco White , como tantos otros que van y vienen por distintas razones, y, andaluces errantes. forman parte de nuestra memoria colectiva en un grandioso intercambio de emociones, ideas, costumbres, que se funden en el río de los siglos;
Publicado por Goizeder
viernes, 17 de marzo de 2006 | 23:43
de hombres y mujeres que hacen la historia sobre la que se empinan algunas figuras que, solas nada serían.
De este río fertilizante e inmenso que es Andalucía,
deseo que recordemos hoy dos brazos majestuosos y vivos todavía:
el de los sefardíes y el de los musulmanes que, en conflicto en sus tierras de adopción, permanecen unidos en la añoranza de la Andalucía perdida para siempre.
Moshe Benarroch, que se siente europeo y de cultura
musulmana, marroquí y judío sefardí, y que habla el español de Andalucía heredado a través de los siglos, acaba de presentar en Lucena y en Sevilla una extraña novela titulada Lucena.
Publicado por Goizeder
viernes, 17 de marzo de 2006 | 23:45
Coincidiendo con Cernuda en su Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, dice un personaje que, en la novela cuenta mil años y representa la memoria de su pueblo: El mundo quiere que olvides,los judíos quieren que olvides, los asquenazíes quieren que olvides
y los sefardíes quieren que olvides. Pero no hay fuerza en el mundocapaz de evitar que un hombre como tú recuerde. Y si uno solo recuerda, Lucena sigue existiendo, si un solo hombre recuerda,todo este mundo nuestro de Lucena y Granada sigue existiendo y
subsistiendo...[...]Si un solo hombre recuerda, el pasado se convierte en presente. Lucha siempre contra el olvido.
Publicado por Goizeder
viernes, 17 de marzo de 2006 | 23:47
Y al otro lado de Moshe, Mahamud Darwich, nacido en
Galilea en 1942, el mayor poeta palestino moderno, se siente extranjero de Damasco y de Andalucía y dice:

Ha pasado por aquí el extranjero

para que el extranjero pase por aquí. Saldré dentro de
poco
de los pliegues de mi tiempo como extranjero de Damasco
y de Andalucía.
Esta tierra no es mi cielo pero esta tarde es mía,
las llaves me pertenecen, y los alminares y las lámparas,
y yo
también me pertenezco. Soy el Adán de los dos paraísos
perdidos.
Cazadme despacio
y matadme deprisa
bajo mi olivar
con Lorca.
Publicado por Goizeder
viernes, 17 de marzo de 2006 | 23:48
Regresar es difícil y algunos andaluces no regresaron
sino en los espacios que la historia o la literatura les concede, tal es el caso de Luis Cernuda y de muchísimos otros. Yo he señalado aquí evocaciones y añoranzas de Andalucía, pero deseo concluir con
el tema del desgarramiento de la despedida forzosa. El poeta Ben Al-Labana de Denia describe la partida de Al-Mutamid y de su familia hacia el destierro:

Todo lo olvidaré menos aquella madrugada junto al
Guadalquivir, cuando estaban en las naves como muerto en sus fosas.

Las gentes se agolpaban en las dos orillas, mirando
cómo flotaban aquellas perlas sobre las aguas del río.

Caían los velos porque las vírgenes no se cuidaban de
cubrirse, y se desgarraban los rostros como otras veces los mantos.
[...]

Partieron los navíos, acompañados de sollozos, como una perezosa
caravana que el camellero arrea con su canción.
Publicado por Goizeder
viernes, 17 de marzo de 2006 | 23:49
La tumba de Al-Mutamid se encuentra en Agmat, a 35
kilómetros de Marrakech. Un sevillano de hoy que vive en esta
ciudad suele dejar una rosa sobre su tumba siempre que pasa por allí.
 
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