Domingo, 16 de abril de 2006
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A Walker Evans

Contra el tiempo y los da?os del cerebro
Afila y calibra. A?n no del todo
Pero s? en alguna parte arbitrada
Ordena la fachada del l?nguido verano

Esp?as movi?ndose con delicadeza entre el enemigo
Los hijos menores, los necios
Apartan un poco los dialectos y las pieles manchadas de locura
Fingida,
Se?alan ambiguamente y enga?an al centinela eludido.

Edgar, llorando de piedad, a la repisa de aquel risco p?lido,
Lleva a su padre ciego y describe un poco,
M?rale, despierto a medias, ca?do entre peque?as flores silvestres
Pero, desapercibido, ret?rate.

A?n no es aquella hora desnuda cuando, armados
Desechado el disfraz, desafiamos al enemigo cara a cara.
Todav?a , compa?ero, corren las bestias y destruyen el cielo
Todav?a cautivo esta el rey viejo y brav?o.







L?ricas

NO queda duda, Suficiente enga?o.
Ya ahora s? que no me amas.
Yo ahora sabes que no te amo.
Ya ahora sabemos que no nos amamos.
No m?s duda, no m?s enga?o.

Hay todav?a piedad entre nosotros
Y los tiempos mejores a?n son tan frescos como verdaderos.
El perro vuelve, Y t? a m?. Y yo a ti.
Y somos cobardemente tiernos del m?s cruel modo,
Sintiendo el precipicio desmoronarse a nuestros pies
Y sabiendo perdido el equilibrio , sonre?mos, y nos quedamos
Un poco m?s, moviendo nuestros brazos desesperadamente como molinos.








Domingo: alrededor de Knoxville, Tenn.


ALL? en la temprana y frugal primavera, florece el cornejo.

Desenvueltos, en el amistoso aire dominical
Entre los rojos zarzales, junto al pared?n del r?o,
Empleados y sus elegidas emparejan.

Prosperan por all?, no cerca, lavados por charrales y jun?peros
El ford V ocho corriendo con el chevrolet.

No pueden perturbarla:

Sus pechos sacados fuera del provisto encaje,
Yacen como un lago quieto;
Y en la boca de ?l ella revienta su dulzura:

?Oh , ola los levanta!
No son ellos de los p?jaros. Tanta inocencia
?nicamente a reventar los trae.
No son las de ellos palabras felices.
Nosotros los humanos no tememos esperanza.
Nuestros goces m?s tiernos m?s nos obligan.
Ninguna cadena corta tanto hasta el hueso, y la seda
M?s dulce sutilmente estrangula.
C?mo termina esto que ahora place el amor acabado,
En cocinas, reyertas en la cama, silencios, paginas femeninas,
Angustias del coraz?n ante puertas con letras doradas,
Carne rancia, cuellos duros, agon?a con corredores antis?pticos,
Nalgueadas, reproches, viajes de pesca, jugos de naranja,
P?lizas, incapacidad, un chevrolet,
Escarnio de los hijos, amable desprecio mutuo,
Correcciones a gritos de silabas comidas,
Bolsas de agua caliente, piedras en la ves?cula,
Ca?das de la escalera, anticuadas nochebuenas,
Sospechas de robo, arreglos con la Funeraria efectuados por yernos,
Cuartuchos balo los caballetes de bungal?s de ladrillo
El vaso hecho pedazos, la mirada cruzada entre al hija y el marido,
El cuerpo vac?o en la cama solitaria
Y, en el vac?o p?rtico de concreto, cenizas aventadas
Nietos paseando al traicionero sol

Y ahora, en los gratos desvencijados anaqueles del horror
Oh Dios ense?a, oh Dios ciegas estos ni?os.
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Publicado por wineruda @ 11:53  | Poes?a Imprescindible
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