Mi?rcoles, 19 de abril de 2006
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BARTOLOMEO VANZETTI





?ltimo discurso en la corte


He estado hablando mucho de m? mismo
y ni siquiera hab?a mencionado a Sacco .
Sacco tambi?n es un trabajador,
un competente trabajador desde su ni?ez, amante del trabajo,
con un buen empleo y un sueldo,
una cuenta en el banco, y una esposa encantadora y buena,
dos ni?itos precioso y una casita bien arreglada
en el lindero del bosque, junto a un arroyo.

Sacco es todo coraz?n, todo fe, todo car?cter, todo un hombre;
un hombre amante de la Naturaleza y de la Humanidad;
un hombre que lo dio todo, sacrific? todo
por la causa de la libertad, y su amor a los hombres;
dinero, tranquilidad, ambici?n mundana,
su esposa, sus hijos , su persona
y su vida.

Sacco jam?s ha pensado en robar, jam?s en matar a nadie.
?l y yo jam?s nos hemos llevado bocado
de pan a la boca , desde que somos ni?os hasta ahora,
que no lo hayamos ganado con el sudor de la frente.
Jam?s...
Ah, s?, yo puedo ser m?s listo, como alguien ha dicho;
yo tengo m?s labia que ?l, pero muchas , muchas veces,
oyendo su voz sincera en la que resuena una fe sublime,
considerando su sacrificio perpetuo, recordando su hero?smo.
Yo me he sentido peque?o en presencia de su grandeza
Y me he visto obligado a repeler
Las l?grimas de mis ojos,
Y apretarme el coraz?n
Que se me atorozonaba, para no llorar delante de ?l:
Este hombre al que han llamado ladr?n y asesino y condenado a muerte.

Pero el nombre de Sacco vivir? en los corazones del pueblo
y en su gratitud cuando los huesos de Katzmann
y los de todos vosotros hayan sido dispersados por el tiempo;
cuando vuestro nombre, el suyo, vuestras leyes, instituciones
y vuestros falso dios no sean sino un borroso recuerdo
de un pasado maldito en el que el hombre era lobo para el hombre...

Si no hubiera sido por esto
yo hubiera podido vivir mi vida
charlando en las esquinas y burl?ndome de la gente.
Hubiera muerto olvidado, desconocido, fracasado.
Esta ha sido nuestras carrera y nuestro triunfo. Jam?s
en toda nuestra vida hubi?ramos podido hacer tanto
por la tolerancia, por la justicia, porque el hombre entienda
al hombre como ahora lo estamos haciendo por accidente.
Nuestras palabras, nuestras vidas nuestros dolores-
--?nada!
La perdida de nuestras vidas ?la vida de un zapatero y un pobre vendedor de pescado-
?todo! Ese momento final es de nosotros,
es agon?a de nuestro triunfo.


(de antolog?a de poes?a norteamericana de Jos? Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal)
Publicado por wineruda @ 14:53  | Poes?a Imprescindible
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