Jueves, 20 de abril de 2006
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R?QUIEM POR UNA AMIGA
(1909)


Tengo muertos y los dej? partir.
Y me admir? de verlos as? tan resignados,
as? pronto hogare?os en la muerte, as? de equitativos,
tan distintos a su fama. Tan s?lo t? regresas,
me rozas, me rondas, quieres topar con algo
que a ti suene y te delate.
Ay, no me tomes lo que con lentitud aprendo.
Yo estoy en lo cierto, pero t? yerras
si a?oras al tocarte alguna cosa .
Nosotros la cambiamos; no est? aqu?,
la reflejamos desde nuestro ser
tan pronto como la reconocemos.
?..Yo te cre?a mucho m?s lejana. Me perturbaba
el que ahora te extrav?es y vuelvas,
t?, que transformaste m?s que otra mujer alguna.
No es que nos espantara la causa de tu muerte,
no, mas que su rigor oscuramente nos interrumpiese,
arrancando el hasta entonces desde ahora,
eso es lo que a nosotros nos ata?e; ponerlo en su lugar
ser? nuestra tarea en todo lo que hagamos.
Pero el que t? misma te espantaras, y a?n te espantes,
donde el espanto no tiene ya raz?n de ser;
que t? pierdas un pedazo de tu eternidad,
y entres aqu?, amiga, en el aquende,
donde todav?a nada hay que sea; que t? dispersa
por primera vez en el Todo, a medias dispersa,
no captes el comienzo de las infinitas naturalezas
al modo como aqu? captabas todas las cosas;
que desde ese c?rculo en que giras ya cogida,
la muda gravedad, inquieta de alg?n modo,
te arrastre abajo, al tiempo ya saldado-:esto,
cual ladr?n que irrumpe de pronto, me despierta muchas veces
de noche. Y si a m? me fuera dado decir que tan s?lo te dignas
venir desde tu magnanimidad, desde tu abundancia,
porque est?s tan segura, tan adentro de ti misma,
que vas de un sitio a otro, como un ni?o,
sin miedo a que algo malo te suceda-:
pero no: t? suplicas. Eso me penetra hondo hasta
los huesos, y me pasa y tronza como una sierra.
Un reproche, que soportases como un espectro,
y a m? me lo pasaras, cuando por la noche me recojo
a mis pulmones, en lo m?s entra?able de mis v?sceras,
en la ?ltima morada, en la m?s pobre de mi coraz?n,-
semejante reproche no ser?a tan cruel
como esta s?plica. ?Qu? suplicas?
?..Dime, ?es que debo emprender un viaje? ?Has dejado
a tu espalda alguna cosa, que te atormenta
y quiere acompa?arte? ?Debo ir a un pa?s
al que t? no has visto, a?n cuando resulte
familiar, como la otra mitad de tus sentidos?
Navegar quiero por sus r?os, quiero
saltar a tierra e inquirir por sus viejas costumbres,
quiero hablar con las mujeres en las puertas,
y observar cuando llaman a sus hijos.
Quiero grabarme c?mo componen el paisaje
cuando est?n fuera en la antigua labor
de los prados y campos; anhelo ser llevado
en presencia de su rey,
y quiero mover a los sacerdotes, por medio del soborno,
para que me pongan ante la estatua m?s fuerte
y me dejen dentro cerrando las puertas del templo.
Mas luego quiero, cuando mucho sepa,
contemplar humilde a los animales,
para que un poco de su gracia pase a mis miembros;
deseo tener en sus ojos breve existencia,
que me retengan y despacio me dejen ir,
serenos sin juzgarme.
Har? que jardineros me muestren muchas flores,
para que de todos los trozos sueltos
de sus bellos nombres propios
obtenga un extracto de mil aromas.
Y quiero comprar frutos, frutos donde otra vez
est? hasta los cielos metido el campo.
?..Pues t? comprendiste esto: frutos plenos.
Los pon?as en platos frente a ti,
y med?as con colores su peso.
Y as? como frutos contemplabas tambi?n a las mujeres.
E igualmente ve?as a los ni?os, tendiendo
desde dentro a las formas varias de su existencia.
Y al fin te ve?as a ti misma como un fruto.
Te hurtabas de tus ropas y posabas delante
del espejo, te met?as en ?l, en su interior,
excepto tu mirada. Tu enorme mirada quedaba fuera
y no dec?a: eso soy yo; no, sino tan s?lo: eso es.
As?, sin curiosidad, estaba tu mirada,
as? de desprendida, as? de verse pobre,
que ni a ti misma codiciaba: santa.
?..As? quiero yo guardarte, tal como
posabas en los espejos, dentro de tu hondura,
y de todo alejada. ?por qu? llegas ahora siendo otra?
?Acaso quieres retractarte de algo? ?Pretendes
persuadirme de que en las cuentas de ?mbar
que rodeaban tu cuello hab?a a?n algo pesado,
de aquella pesadez de que carecen
los cuadros acallados del allende? ?Quieres
pronosticarme un mal ag?ero con tu comportamiento?
?Qu? te quieren decir los contornos de tu cuerpo
como l?neas de una mano
para que yo ya no las pueda ver sin destino?
?..Aprox?mate a la luz de la vela. A m? no me da miedo
contemplar a los muertos. Pues si vienen
est?n en su derecho de quedarse
en nuestra mirada como las dem?s cosas.
?..Ac?rcate; est?monos callados un momento.
Mira esta rosa sobre mi mesa de escribir;
?no es la luz que la circunda tan t?mida
como la que se cierne sobre ti? No deber?a estar tampoco aqu?.

?..Su sitio es el jard?n, no mezclada conmigo,
debiera haberse quedado o extinguido,-
ahora perdura as?: ?qu? es mi conocimiento para ella?

No te espantes si yo ahora, ay, comprendo,
ahora asciende en m?: no puedo evitarlo.
Comprender?, aun cuando por ello me muriera.
Comprender que t? est?s aqu?. Comprendo.
Como ciego cuando palpa una cosa
siento tu destino y no s? nombrarlo.
Prorrumpamos ambos a dos la queja, para
que uno te saque de tu espejo. ?Puedes llorar a?n?
No puedes. La fuerza y afluencia de tus l?grimas
han transmutado en tu mirar maduro,
y estabas atareada, cualquier humor en ti,
en trasladarlo a tu fuerte existencia.
?sta asciende y gira en ciego equilibrio.
All? te desgarr? el azar, tu postrero azar.
Te desgarr? retr?grado desde un avanzad?simo progreso
y te desgarr? del todo; se desgarr? primero s?lo un trozo,
mas como d?a a d?a en torno a un trozo
iba creciendo la realidad y se torn? pesada,
necesitaste emplearte toda entera: fuiste pues a su encuentro
y esforzada te rompiste a trozos de la ley,
porque a ti misma te necesitabas. Entonces
te derribaste y cavaste desde tu coraz?n
atemperado terru?o nocturno que har?a germinar
las semillas a?n verdes de tu muerte, tuya,
tu muerte propia con tu propia vida,
y las comiste, granos de tu muerte,
y los comiste como todo el mundo, los granos de tu muerte,
y te qued? un regusto de dulzura,
que t? no sospechabas, tus labios fueron dulces,
t?, que eras ya dulce en el interior de tus sentidos.
?..Conc?denos la queja: ?Sabes c?mo tu sangre
se demoraba sin par desde un c?rculo
y volv?a a disgusto cuando t? la reclamabas?
Qu? confusa la tomaba de nuevo
la circulaci?n menor de tu cuerpo; con qu? recelo
y pasmo entraba en la placenta, y se hallaba cansada
al volver de su largo recorrido.
?..La acosabas, la echabas por delante,
la empujabas al centro de la hoguera,
tal como se hace con los animales que van al sacrificio;
y a?n quer?as que estuviera contenta,
y al fin lo consegu?as a la fuerza: se pon?a contenta,
y acud?a sumisa a entreg?rsete. As? te parec?a,
porque ten?as otras medidas por costumbre,
ser?a tan s?lo por un momento;
pero entonces estabas en el tiempo, y el tiempo
es largo, pasa y se acrecienta,
y es como reca?a de larga enfermedad.
?..Corta fue tu vida si la comparas
con aquellas horas cuando sentada
doblegabas en silencio las m?ltiples fuerzas
de tu mucho futuro en aras de tu nuevo v?stago en germen,
que era otra vez destino. Oh, trabajo infeliz,
superior a todas las dem?s fuerzas. Y t? lo cumpl?as
d?a tras d?a, y a rastras lo segu?as,
tra?as del telar la hermosa trama,
y siempre de otro modo usabas todos los hilos.
Y al fin a?n te quedaba ?nimo de festejar.
?..Pues listo el trabajo quer?as tener el premio,
igual que los ni?os que apuran su t? agridulce
como medicina que acaso sana.
As? t? te premiabas, pues de todo otro premio
estabas muy distante, incluso ahora;
nadie se hubiera imaginado el premio que a ti te agradaba.
T? s?, t? lo sab?as. T? posabas en tu lecho de pu?rpera,
y en frente de ti se alzaba el espejo, que te devolv?a
todas las cosas. Y t? eras todo eso
ante ti misma, y dentro hab?a s?lo ilusi?n,
la bella ilusi?n de toda mujer que gustosa
se enjoya y muda de peinado.
?..As? te has muerto t?, como anta?o mor?an las mujeres,
te moriste a la moda antigua, en la casa caliente,
tal como se mueren las parturientas
que quieren cerrarse y ya no lo logran,
porque aquello oscuro que coparieron
retorna una vez m?s, empuja y entra.
Ay, ?no habr?a que buscar pla?ideras,
las mujeres que pla?en por dinero,
a las que as? se les puede pagar
para gritar en la noche serena su planto?
?Vengan usos aqu?! No tenemos bastantes.
Todo pasa y las palabras se extinguen.
As? debes venir t?, muerta, y aqu? conmigo
Recobrar?s la queja.
?Es que no oyes mi queja? Quisiera echar mi voz
como un pa?o sobre los a?icos de tu muerte
y vapulearlo hasta hacerlo harapos,
y todo lo que diga en esta voz
ir? as? de harapiento y de fr?o entumecido;
permanece en tu queja. Pero yo ahora acuso:
no a Uno que te retrajo de ti,
(yo no lo identifico, es como todos)
acuso a todos en ?l: al var?n.
?..Si en alg?n sitio profundo en m? surge
un ni?o que existi?, al que a?n no conozco,
quiz? el m?s acendrado ser-ni?o de mi infancia,
un ?ngel, y sin reparar en ?l
lanzarlo a la vanguardia de los ?ngeles
gritadores, que hacen que Dios recuerde.
?..Pues esa aflicci?n es ya demasiado larga
y no hay nadie que la pueda llevar, nos es harto pesado
el confuso dolor de un amor falso,
que, como un uso en v?as de extinci?n,
se le llama derecho, y crece de un entuerto.
D?nde el var?n que tenga derecho de poseer.
Qui?n puede poseer lo que en s? mismo no se sostiene,
s?lo lo que feliz de cuando en cuando se coge como al vuelo
y otra vez se tira como el ni?o la pelota.
Como el estratega que a duras penas mantiene
firme una Nike en la proa de la nave
si el arcano alado ser de su divinidad
la alza de s?bito en la clara brisa marina,
as? menos puede uno de nosotros
llamar a la mujer que no nos ve
y que sobre una estrecha franja de su existencia
se aleja, como por un milagro, sin tropiezo:
el que lo hiciere se har?a con gusto culpable.
?..Porque la culpa es eso, si es que de alg?n modo la culpa existe:
no acrecentar la libertad del ser al que se ama
por la libertad que de uno mismo surge.
Tenemos s?, donde quiera que amemos,
s?lo esto: dejarnos, pues retener,
eso es f?cil y huelga el aprenderlo.
?..?Est?s t? a?n ah?? ?En qu? rinc?n est?s?
Has sabido mucho a pesar de todo,
y as? lo has sabido hacer, pues as? te entregabas,
abierta para todo, como el romper de un d?a.
Las mujeres sufren: amar dice soledad,
y artistas presienten a veces en el trabajo
que es menester transformarse donde quiera que amen.
T? empezaste ambas cosas, ambas est?n en aquello que ahora
trunca una gloria que se va contigo.
Ay, t? estabas lejos de aquella gloria. Te recatabas
en tu sencillez; suavemente hab?as recogido tu belleza
tal como se recoge una bandera
en la ma?ana gris de un d?a laborioso,
y no ansiabas m?s que un trabajo largo,-
la labor no hecha: no hecha sin embargo.
?..Si t? est?s a?n ah?, si en esa oscuridad hay todav?a
un lugar donde tu sensible esp?ritu
resuena en las llamas ondas sonoras,
una voz que, solitaria en la noche,
se conmueve en la corriente de un alto aposento:
Entonces ?yeme: Ay?dame, mira, as? nos deslizamos
sin saber cu?ndo, retr?grados desde nuestro progreso,
en algo que no acertamos como en un sue?o
y dentro morimos sin despertar.
Ninguno va m?s lejos. A aquel a quien su sangre
levante hasta una obra de largo alcance
le puede suceder que no la mantenga en alto,
y vaya por su peso sin valor.
Pues por doquier existe una antigua hostilidad
Entre la vida y el trabajo grande:
Ay?dame para que lo vea y lo proclame.
?..No vuelvas. Si lo soportas s? as?,
muerta junto a los muertos.
Los muertos est?n bien entretenidos.
Pero ay?dame de modo que ello no te disperse,
Como en m? lo m?s lejano me ayuda.


"Poema comenzado el 21 de octubre y terminado el 2 de noviembre de 1908 en Par?s. Se imprimi? por primera vez, junto con el R?quiem por el poeta Wolf, en mayo de 1909.Est? dedicado a la pintora Paula Modersohn-Becker, nacida en Dresde el 8 de febrero de 1876 y fallecida el 20 de noviembre de 1907 en Worpswede, apenas tres semanas despu?s de haber dado a luz una ni?a, a consecuencia de una embolia pulmonar. Rilke ten?a la convicci?n de que hab?a muerto de fiebre puerperal.
El R?quiem por una amiga es un aut?ntico planto por Paula, una terrible imprecaci?n contra un destino funesto para el que la pintora no se sent?a dispuesta ni preparada, y a la vez una acusaci?n contra el hombre que, aun siendo artista, contrari? la vocaci?n de la pintora empuj?ndola al sacrificio en aras de la convenci?n burguesa del matrimonio. Pero la grandeza de paula se nos revela tambi?n en la aceptaci?n sumisa al destino, que emanaba sin duda de un sentimiento de continuidad y pervivencia que s?lo la naturaleza femenina puede asumir: la de alumbrar la vida aun a riesgo de perder la propia."
Jaime Ferreiro Alemparte.

Publicado por Goizeder @ 15:44  | Poes?a Imprescindible
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