Mi?rcoles, 10 de mayo de 2006
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Los encuentros de un caracol aventurero

Hay dulzura infantil
en la ma?ana quieta.
Los ?rboles extienden
sus brazos a la tierra.
Un vaho tembloroso
cubre las sementeras,
y las ara?as tienden
sus caminos de seda
-rayas al cristal limpio
del aire-.
En la alameda
un manantial recita
su canto entre las hierbas.
Y el caracol, pac?fico
burgu?s de la vereda,
ignorado y humilde,
el paisaje contempla.
La divina quietud
de la Naturaleza
le dio valor y fe,
y olvidando las penas
de su hogar, dese?
ver el fin de la senda.

Ech? a andar e internose
en un bosque de yedras
y de ortigas. En medio
hab?a dos ranas viejas
que tomaban el sol,
aburridas y enfermas.

"Esos cantos modernos
-murmuraba una de ellas-
son in?tiles". "Todos,
amiga -le contesta
la otra rana, que estaba
herida y casi ciega-.
Cuando joven cre?a
que si al fin Dios oyera
nuestro canto, tendr?a
compasi?n. Y mi ciencia,
pues ya he vivido mucho,
hace que no lo crea.
Yo ya no canto m?s..."

Las dos ranas se quejan
pidiendo una limosna
a una ranita nueva
que pasa presumida
apartando las hierbas.

Ante el bosque sombr?o
el caracol se aterra.
Quiere gritar. No puede.
Las ranas se le acercan.

"?Es una mariposa?",
dice la casi ciega.
"Tiene dos cuernecitos
-la otra rana contesta-.
Es el caracol. ?Vienes,
caracol, de otras tierras?"

"Vengo de mi casa y quiero
volverme muy pronto a ella".
"Es un bicho muy cobarde
-exclama la rana ciega-.
?No cantas nunca?" "No canto",
dice el caracol. "?Ni rezas?"
"Tampoco: nunca aprend?".
"?Ni crees en la vida eterna?"
"?Qu? es eso?
"Pues vivir siempre
en el agua m?s serena,
junto a una tierra florida
que a un rico manjar sustenta".

"Cuando ni?o a m? me dijo
un d?a mi pobre abuela
que al morirme yo me ir?a
sobre las hojas m?s tiernas
de los ?rboles m?s altos".

"Una hereje era tu abuela.
La verdad te la decimos
nosotras. Creer?s en ella",
dicen las ranas furiosas.

"?Por qu? quise ver la senda?
-gime el caracol-. S? creo
por siempre en la vida eterna
que predic?is..."
Las ranas,
muy pensativas, se alejan.
y el caracol, asustado,
se va perdiendo en la selva.

Las dos ranas mendigas
como esfinges se quedan.
Una de ellas pregunta:
"?Crees t? en la vida eterna?"
"Yo no", dice muy triste
la rana herida y ciega.
"?Por qu? hemos dicho, entonces,
al caracol que crea?"
"Por qu?... No s? por qu?
-dice la rana ciega-.
Me lleno de emoci?n
al sentir la firmeza
con que llaman mis hijos
a Dios desde la acequia..."

El pobre caracol
vuelve atr?s. Ya en la senda
un silencio ondulado
mana de la alameda.
Con un grupo de hormigas
encarnadas se encuentra.
Van muy alborotadas,
arrastrando tras ellas
a otra hormiga que tiene
tronchadas las antenas.
El caracol exclama:
"Hormiguitas, paciencia.
?Por qu? as? maltrat?is
a vuestra compa?era?
Contadme lo que ha hecho.
Yo juzgar? en conciencia.
Cu?ntalo t?, hormiguita".

La hormiga, medio muerta,
dice muy tristemente
"Yo he visto las estrellas."

"?Qu? son las estrellas?", dicen
las hormigas inquietas.
Y el caracol pregunta
pensativo: "?Estrellas?"
"S? -repite la hormiga-,
he visto las estrellas,
sub? al ?rbol m?s alto
que tiene la alameda
y vi miles de ojos
dentro de mis tinieblas".
El caracol pregunta:
"?Pero qu? son las estrellas?"
"Son luces que llevamos
sobre nuestra cabeza".
"Nosotras no las vemos",
las hormigas comentan.
Y el caracol: "Mi vista
s?lo alcanza a las hierbas."

Las hormigas exclaman
moviendo sus antenas:
"Te mataremos; eres
perezosa y perversa.
El trabajo es tu ley."

"Yo he visto a las estrellas",
dice la hormiga herida.
Y el caracol sentencia:
"Dejadla que se vaya.
seguid vuestras faenas.
Es f?cil que muy pronto
ya rendida se muera".

Por el aire dulz?n
ha cruzado una abeja.
La hormiga, agonizando,
huele la tarde inmensa,
y dice: "Es la que viene
a llevarme a una estrella".

Las dem?s hormiguitas
huyen al verla muerta.

El caracol suspira
y aturdido se aleja
lleno de confusi?n
por lo eterno. "La senda
no tiene fin -exclama-.
Acaso a las estrellas
se llegue por aqu?.
Pero mi gran torpeza
me impedir? llegar.
No hay que pensar en ellas".

Todo estaba brumoso
de sol d?bil y niebla.
Campanarios lejanos
llaman gente a la iglesia,
y el caracol, pac?fico
burgu?s de la vereda,
aturdido e inquieto,
el paisaje contempla.
Publicado por Goizeder @ 21:27  | Poes?a Imprescindible
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