Mi?rcoles, 31 de mayo de 2006


CURRICULUM VITAE
(Febrero, 1937)


Nac? en 1905, en Budapest, soy ortodoxo de religi?n. Mi padre ?el extinto ?ron J?zsef? se expatri? cuando yo ten?a tres a?os y la Asistencia P?blica me envi? a ?cs?d, donde fui criado por campesinos. Fue all? donde viv? hasta la edad de siete a?os. Trabajaba como lo hacen en general los ni?os pobres del campo; cuidaba cochinos. Cuando cumpl? siete a?os, mi madre ?la extinta Borb?la P?cze? me llev? de nuevo a Budapest y me inscribi? en el segundo grado de la escuela primaria. Mi madre lavaba y hac?a trabajos dom?sticos para mantenernos a mis dos hermanas y a m?. Ella trabajaba en casas ajenas y all? permanec?a de la ma?ana a la noche. Entregado a m? mismo, sin vigilancia, yo vagabundeaba y mataba el tiempo. Pero en mi libro de lectura de tercer grado hall? historias interesantes acerca del rey Attila y me lanc? a la lectura.

Los cuentos relativos al rey de los hunos no s?lo me interesaban porque yo tambi?n me llamaba Attila, sino porque en ?cs?d mis padres adoptivos me hab?an llamado Pista(1). Despu?s de un concili?bulo entre los vecinos, escuchado por m?, ellos hab?an llegado a la conclusi?n de que el nombre de Attila no exist?a. Esto me hab?a llenado de estupor, como si fuera mi propia existencia lo que pon?an en duda. El descubrimiento de las historias del rey Attila ejerci?, creo yo, una influencia decisiva sobre mi orientaci?n y, en fin de cuentas, a ello se debe que yo me haya vuelto hacia la literatura, que haya aprendido a reflexionar, y que me haya convertido en un hombre que escucha las opiniones ajenas, pero pas?ndolas por el tamiz de su propia experiencia; un hombre que responde cuando le llaman Pista, antes de haber verificado lo que pensaba en el fondo de s? mismo, es decir, que su nombre era Attila.

Contaba nueve a?os de edad cuando estall? la guerra mundial. Nuestra suerte empeoraba sin cesar. Ten?a que hacer la cola frente a las tiendas. A veces yo tomaba mi turno en la tienda de v?veres a las nueve de la noche, y a las siete y media de la ma?ana, cuando llegaba mi n?mero, se re?an en mis narices dici?ndome que ya no hab?a grasa.
Ayudaba a mi madre como pod?a. Vend?a agua en el cinemat?grafo Vil?g. Para calentarnos, robaba carb?n y madera en la estaci?n de Ferencv?ros. Confeccionaba juguetes de papeles de colores y se los vend?a a los ni?os m?s ricos que yo. Llevaba cestas y paquetes al mercado, etc?tera.

Durante el verano de 1918, pas? unas vacaciones en Abazia gracias a la Acci?n Real para las Vacaciones de los Ni?os. En esta ?poca mi madre ya estaba enferma, ten?a un fibroma y yo mismo me present? en la Asistencia P?blica: fue as? como part? para una breve estad?a en Monor. De regreso en Budapest, vend? peri?dicos, comerci? con sellos y luego con billetes blancos y azules(2) como un aprendiz de banquero. Durante la ocupaci?n rumana, vend? pan en el caf? Emke. Entre tanto, despu?s de haber terminado el quinto grado de la escuela primaria, asist? al Curso Complementario.

Durante las navidades de 1919, mi madre muri? y el Servicio de Hu?rfanos escogi? como tutor a mi cu?ado ?d?n Makai, el cual acaba de morir. Durante una primavera y un verano, trabaj? a bordo de las barcazas Vihar, T?r?k y Tat?r de la compa??a de navegaci?n Atl?nica. Despu?s, sin haber asistido a las clases, pas? el examen de cuarto grado del Curso Complementario y me gradu?, luego de lo cual mi tutor y el doctor S?ndor Giesswein me enviaron al seminario de los Hermanos Salesianos en Nyerges?jfalu. No permanec? all? m?s que quince d?as en total debido a mi condici?n de ortodoxo y no de cat?lico. De all? fui enviado a Mak?, al colegio Demke, donde no demor? en obtener una plaza gratuita. En verano, daba clases en Mez?hegyes a cambio de la comida y el alojamiento. Termin? el sexto grado del liceo con la menci?n de sobresaliente. Y no obstante, debido a los trastornos ocasionados por la pubertad, yo hab?a intentado suicidarme en varias ocasiones. Es cierto que no ten?a entonces, como antes, nadie cerca de m? que me guiara con sus consejos amistosos. Fue en esa misma ?poca cuando aparecieron mis primeros versos. La revista Nyugat(3) public? poemas que hab?a escrito a la edad de diecisiete a?os. Me consideraron un ni?o prodigio, y sin embargo no era sino un hu?rfano. Al terminar el sexto grado, abandon? el liceo y el internado, pues, en mi aislamiento, me sent?a desocupado: no estudiaba, pues me sab?a la lecci?n tan pronto el profesor la explicaba, mi certificado y la menci?n de sobresaliente dan, por otra parte, fe de ello. Trabaj? en Kiszombor como obrero agr?cola, jornalero, y luego me contrataron como preceptor. Aconsejado por dos de mis profesores, que sent?an afecto por m?, decid?, no obstante, presentarme al bachillerato. Pas? el examen de s?ptimo y octavo grados de una sola vez y as? termin? un a?o m?s temprano que mis antiguos condisc?pulos. Sin embargo, como no hab?a dispuesto m?s que de tres meses para estudiar, pas? el examen de s?ptimo grado con buenos resultados, pero el de octavo con notas mediocres. Mi carn? de bachillerato presentaba notas mejores que el de octavo grado. S?lo en h?ngaro y en historia obtuve el aprobado. Ya en aquella ?poca me hab?an acusado por haber blasfemado el nombre de Dios en un poema: el Tribunal Supremo me absolvi?.

Luego de haber sido durante cierto tiempo representante de librer?a en Budapest, en la ?poca de la inflaci?n fui empleado por el banco Mauthner. Despu?s de la introducci?n del sistema Hintz, me pasaron a la contabilidad y, para gran disgusto de mis compa?eros de m?s edad, fui encargado de controlar los valores que estaba permitido emitir los d?as de pago. Mi voluntad de trabajo fue un tanto lesionada por el hecho de que mis mencionados colegas echaban sobre m? una parte de su propio trabajo, que de ese modo yo ten?a que realizar aparte del m?o. Adem?s, ellos no dejaban de fastidiarme a causa de mis poemas que se publicaban en la prensa. "Cuando yo ten?a su edad, tambi?n escrib?a versos", dec?an. M?s tarde, el banco quebr?.

Decid? que al fin y al cabo ser?a escritor y que tratar?a de hallar alguna ocupaci?n burguesa en relaci?n estrecha con la literatura. Me inscrib? en la Facultad de Letras de Szeged para estudiar h?ngaro, franc?s, y filosof?a. La matr?cula comprend?a cincuenta y dos horas de clases por semana y, al fin del semestre, pas? un examen obteniendo la menci?n de sobresaliente. Pagaba mi alojamiento con los honorarios de mis poemas publicados.

Me hab?a sentido muy orgulloso de que mi profesor Lajos D?zsi me estimara con aptitudes para emprender estudios independientes. Pero qued? definitivamente desalentado cuando el profesor Antal Horger, con quien deb?a pasar el examen de ling??stica h?ngara, me declar?, ante dos testigos ?aun hoy s? sus nombres; ellos son profesores? que, mientras ?l viviera, yo nunca podr?a llegar a ser profesor de liceo. "Pues, me dijo, poni?ndome en la cara un ejemplar del peri?dico Szeged, a un hombre que escribe semejantes cosas, nosotros no podr?amos confiarle la educaci?n de las generaciones futuras". Se habla a menudo de la iron?a de la suerte y aquella en realidad fue una iron?a, pues el poema incriminado, Coraz?n puro, pronto se volvi? c?lebre. Siete art?culos le fueron consagrados.

Lajos Hatvany ha declarado en varias ocasiones que "para conocimiento de los tiempos futuros" aquel era el testimonio de toda la generaci?n de post-guerra. Ignotus, por su parte, acariciaba, mimaba, mec?a, murmuraba este maravilloso poema, seg?n escribi? en la revista Nyugat, y en su arte po?tica lo present? como modelo de la nueva poes?a.

Al a?o siguiente ?yo ten?a entonces veinte? fui a Viena y me inscrib? en la Universidad. Para vivir, vend?a peri?dicos a la entrada del Rathaus-Keller y realizaba la limpieza de los locales de la Academia H?ngara de Viena. Cuando el director, Antal L?b?n, se enter?, quiso que aquello terminara. Orden? que me dieran la comida en el Collegium Hungaricum y me consigui? alumnos: los dos hijos del director general del Banco Anglo-Austr?aco, Zolt?n Hajdu. De Viena, donde yo me albergaba en la miseria (no me hab?a acostado en s?banas durante cuatro meses), me convert?, sin transici?n, en el hu?sped del castillo Hatvany, en Hatvan, y luego que la due?a de la casa, se?ora de Albert Hirsch, me suministr? dinero para el viaje, part? hacia Par?s a fines del verano. All?, me inscrib? en La Sorbona.

El verano siguiente fui a la costa del mediod?a de Francia, a un pueblo de pescadores.

Luego regres? a Pest. Asist? durante dos semestres a los cursos de la Facultad de Budapest: no realic? sin embargo mis ex?menes de profesorado pues, evocando la amenaza de Antal Horger, estaba convencido de que de ning?n modo obtendr?a una plaza. El lnstituto del Comercio Exterior me emple? entonces, desde su creaci?n, en trabajos de correspondencia en h?ngaro y en franc?s. Mi antiguo director general, el se?or S?ndor K?r?di, est? dispuesto, creo yo, a dar referencias acerca de m?. En esa ?poca, no obstante, la suerte me golpe? de modo tan imprevisto que, por m?s endurecido que yo estuviese, no lo pude soportar. Primero me enviaron a un sanatorio, luego me dieron permiso por enfermedad, a causa de mi neurastenia. Abandon? mi oficina, comprendiendo que, siendo tan joven, no pod?a permanecer a cargo de una instituci?n. Desde entonces vivo de lo que escribo. Soy redactor de la revista literaria y cr?tica Sz?p Sz? (4).

Adem?s de mi lengua materna, el h?ngaro, escribo y leo el franc?s, y escribo perfectamente a m?quina. He aprendido igualmente la taquigraf?a: un mes de pr?ctica ser?a suficiente para refrescar mis conocimientos. Tengo alguna experiencia en materia de emplane de peri?dicos. S? componer seg?n las reglas. Me considero un hombre de honor, creo poseer agilidad mental y constancia en el trabajo.

Attila J?zsef


(1) Diminutivo de Iv?n.
(2) Durante la inflaci?n que se produjo en Hungr?a en los a?os de post-guerra. circulaban dos tipos diferentes de billetes, unos blancos y otros azules, con los cuales se especulaba. Los primeros ten?an m?s valor que los segundos. (3) Occidente.
(4) Argumento.






CORAZ?N PURO

No tengo padre ni madre,
no tengo beso ni amante.
Vivo sin Dios y sin patria,
y sin cuna y sin mortaja.

Van tres d?as que no como
nada, ni mucho ni poco.
Pongo en venta mis veinte a?os,
la potencia de mi estado.

Si nadie los compra luego,
que el diablo arree con ellos.
Coraz?n puro: robar ?
?por qu? no?? y hasta matar.

Me capturan y me cuelgan
y en tierra santa me entierran.
Y una hierba en que viaja la muerte
sobre mi coraz?n crece y crece.

(1925.)


SIN LLAMAR

Si te quiero, en mi casa sin llamar
puedes entrar.
Pero f?jate muy bien:
te acostar? en bolsas de paja ? susurrante paja
que suspira en el polvo.

En un vaso he de traerte el agua fresca,
limpiar? tus zapatos antes de que hayas partido ?
ac? nadie ha de estorbarnos,
de modo que tranquilamente puedes inclinarte y
remendar la ropa.
El silencio es un silencio enorme. Pero yo te hablo.
Si est?s cansado, si?ntate en mi silla, la ?nica que tengo.
Si hace calor, qu?tate corbata y cuello.
Si tienes hambre, acepta como plato un papel blanco;
pero si hallamos algo m?s,
entonces d?jame que tambi?n yo coma. Tambi?n yo,
tambi?n yo tengo hambre.

Si te quiero, en mi casa sin llamar
puedes entrar.
Pero f?jate muy bien:
me doler?a que despu?s huyeses.





TRABAJADORES

Se agitan los imperios capitalistas. Mu?vense.
Les rechinan los dientes desmembrando al planeta.
Devoran la suave Asia, el ?frica erizada.
Y como a nidos echan abajo nuestros pueblos.
El mar, un productor voraz, s?lo es saliva.
Eructa la amarilla boca del capital
en los agazapados pa?ses. Pegajosas
nubes de fetidez caen sobre nosotros.

Y en la zona violenta de la ciudad, en donde
muele el molar, en donde planea el aire f?rreo
de las minas, en donde patalea la m?quina,
chasquea la polea, clama el list?n y zumba
la cadena y chillidos trasformadores chupan
los pezones met?licos del d?namo, ac?,
ac? sobrevivimos. Y nuestra suerte est?
poblada de mujeres, ni?os y agitadores.

?Ac? vivimos! Red convulsa nuestros nervios,
en ella se debate el huidizo pasado.
El jornal ?precio de la fuerza del trabajo?
ma?lla en el bolsillo. Y as? vamos a casa.
Una hoja de diario sobre la mesa, y pan.
Y en la hoja: que todos, que todos somos libres.
Perseguimos las chinches con el goce y la l?mpara.
Nos creemos gran cosa con un cuarto de vino.

Camarada y sopl?n cruzan por el silencio.
Un borracho tropieza. Un joven va al prost?bulo.
La noche, boca abajo, deja caer sus pechos
con sarpullido, como una camisa sucia,
bajo el humo. Dormimos roncando, destrozados,
espalda contra espalda ?pilas de le?os huecos?,
y el moho en la pared semiderruida marca
las h?medas fronteras de nuestra triste patria.

Pero ??mis camaradas!? ?stos son los peones
que en la lucha de clases se vistieron de acero.
Y nosotros con ellos, cual chimeneas: ?ved!
Nos ocultamos, como perseguidos, por ellos.
?As? est? prepar?ndose el mundo, a la cadena
de la historia montado, donde la clase obrera
clavar? sobre todas las f?bricas oscuras
la estrella, s?, la estrella, roja estrella del Hombre!

(1931.)


BALADA

Hornea el pan en d?bil luz de gas,
pon a cocer ladrillos colorados,
desu?llese tu mano por la azada,
ponte de espaldas y haz el encofrado,
puedes venderte: ondeen tus polleras,
puedes ir a estibar en el mercado:
ten un oficio o hazte un destajista ?
las ganancias a los capitalistas.

Anda a enjuagar la seda con bencina,
las cebollas cosecha acuclillado,
deg?ella cabras que por ti berrean,
que el pantal?n te salga bien cortado,
si te echan, ?qu? tienes por ganar?,
?vamos!, prosigue si es que has terminado:
?mendigas?, ?robas?, ?Que la ley te asista!
las ganancias a los capitalistas.

Compone poes?as suspirantes,
escabecha jam?n de Praga ahumado,
saca carb?n, extrae hierbas santas,
el secreto contable ten guardado,

ponte una gorra con gal?n de oro,
vive en Par?s o en Szatymaz nublado:
cuando tu paga est? por fin bien lista
las ganancias a los capitalistas.

Detente, Attila: qu? aburrido est?s.
Sabes que t? no vives de caviar.
Ya trabajes, ya seas un huelguista ?
las ganancias a los capitalistas.

(1933.)


S?LO ?L LEA

S?lo lea mis poemas
quien cierto como el profeta
bogando en la nada viene
y me conoce y me quiere,

porque apareci? en mis sue?os
tallado en hombre el silencio
y en su coraz?n discurren
el tigre y la mansedumbre.

(1937.)

FUGACES RECUERDOS(*)

Fugaces recuerdos, ?en d?nde desaparecisteis?
Mi coraz?n, pesaroso, quiere echarse a llorar.
Ya no puedo vivir sin vosotros.
Lo que mis manos tocan no toca ya mis manos.
?Acaso no soy digno de jugar otro poco?
?Fr?giles mariposas, venid, volad aqu?!
Fugaces recuerdos, soldaditos de plomo
que tanto anhel? otrora
y cuyas bayonetas supe enderezar
?Turcos, b?ers, venid, rodeadme aqu?!
?Oh, ca?oncitos, formad las bater?as!
Tan pesaroso est? mi coraz?n... ?Ay, defendedme!

(*)Esta poes?a fue escrita tres d?as antes del suicidio del poeta bajo las ruedas de un tren.
Publicado por Goizeder @ 23:14  | Poes?a Imprescindible
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