Mi?rcoles, 07 de junio de 2006
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NOTAS SOBRE EL ?LTIMO VIAJE DEL AUTOR
A SU PUEBLO NATAL

A Stefan Baciu en Hawaii,
y a Vasile Igna, mi primo desconocido,
en Cluj, Transilvania

1

En el pueblo
donde algunos me conocen
como el poeta cuyo nombre suele aparecer en los diarios,
paseo por la Calle Comercio
que ahora se llama Avenida Bernardo O?Higgins
(Como en Santiago).

He comulgado con la tierra.
Voy a la Sidrer?a
All? est?n los parroquianos de siempre
y me saludan mis viejos compa?eros de curso
que sue?an con ser alcaldes o regidores o comprarse una citroneta.
Ha cerrado el cine.
A?n quedan afiches que anuncian pel?culas de sepia.
A lo largo de los cercos
las ortigas siguen hablando con su indestructible lenguaje.
En el techo de mi casa se re?ne el congreso de los gorriones.
Pienso por primera vez
que no pertenezco a ninguna parte,
que ninguna parte me pertenece.

2
El viento trae olor a terneros mojados.

3
Kil?metro 662 a las cuatro de la tarde.
En la calle Comercio los turcos y los espa?oles
bostezan tras los mostradores.
No hay un alma en la calle a la hora de la siesta
horadada s?lo por el cuerno primitivo del vendedor de helados.
En las afueras los campesinos esperan las micros rurales.
Tal vez me vaya a otro pueblo
cuyo destino voy a leer en la palma de sus calles.

4
Hay praderas manchadas de vacas y girasoles.
De las cosas que puedan consolarme cuando vuelva
a la ciudad enferma de smog.
Viajar? en vagones de segunda atestados como los
de las novelas sobre la Revoluci?n Rusa.
He visto las ventanas ciegas del Molino.
Con su arruinado due?o he tomado un trago en
cualquier cantina
Paso la tarde sin darme el trabajo de llegar ni siquiera
al fondo del patio de la casa paterna.

5
El ?nico hojalatero que quedaba en el pueblo
fue buscar trabajo a Lonquimay.
No gan? mucha plata pero contempl? la Cordillera.
?l no tiene Leica ni Kodak
as? que se dedic? a dibujarla
para que sus nueve hijos la conocieran de verdad.

6
A los mapuches les gustan las canciones mexicanas
del Wurlitzer de la ?nica Fuente de Soda.
Las escuchan sentados en la cuneta de la Calle Principal.
Van a la vendimia en Argentina y vuelven con terno
azul y transistores.
Ha llegado la TV.
Los ni?os ya no juegan en las calles.
Sin hacer ruido se sientan en el living para ver a
Batman o pel?culas del Far West.
Mis amigos est?n horas y horas frente a la pantalla.

Tengo ganas de que lleguen los Ovnis.

7
Me cuesta creer en la magia de los versos.
Leo novelas policiales,
revistas deportivas, cuentos de terror.
S?lo soy un empleado p?blico como consta en mi
carnet de identidad.
S?lo tengo deudas y despertares de resaca
donde hace da?o hasta el ruido del alka
seltzer al caer al vaso de agua.
En la casa de la ciudad no he pagado la luz ni el agua.
Sigo refugiado en los mesones,
mirando los letreros que dicen "No se f?a".
Mi futuro es una cuenta por pagar.
8
Si el futuro pudiera extenderse pulcramente
como mi madre extiende las s?banas de mi cama.
Miro la ropa puesta a secar en el patio.
Han entrado ladrones de gallinas en la casa del frente.
Voy a la plaza a leer el diario con noticias m?s
a?ejas que las de San Pablo.

9
Solitario donde nunca he estado solitario
camino hasta el abandonado vel?dromo de tierra
donde no aparece ni el fantasma del Campeonato
de Ciclismo de Chile del a?o 30.
Hay caballos pastando en lo que fue cancha de f?tbol.
Todos se interesan s?lo por ir a ver los partidos
profesionales a la Capital de Provincia
mientras yo pienso mordisquear una brizna de brezo.

10
Trasnochador empedernido
contemplo la luna igual a la de 1945
enrojecida por la erupci?n del Llaima.
La misma que miraba desde la buhardilla
mientras le?a como ahora "Los miserables" y el
Almanaque Hachette.

11
Acu?rdate que te recuerdo.
Si no te acuerdas no importa mucho.
Siempre te ver? caminando sobre los rieles
buscando el durazno m?s maduro de la quinta.

12
Ya pas? el R?pido a Puerto Montt
que antes se llamaba el Flecha del Sur.
Voy de la estaci?n al puente
cuyos faroles dicen "Fundici?n Dickinson, 1918".
Ya no existe esa fundici?n
ni ninguna fundici?n.
Conf?o mi memoria al r?o Caut?n y a la Capilla de Guacolda.
Afirmado en las barandas del puente
miro el cielo del verano que apenas sujetan los
clavos de plata de las estrellas.

13
Hemos llegado a esta aldea en un Pontiac 40
por caminos que jam?s ser?n pavimentados.
Espantamos cerdos y gallinas.
Los ni?os se asoman asombrados.
En el negocio clandestino
pedimos un pipe?o y hablamos con el due?o
y con un tractorista que nos asegura que Hitler est? vivo
y con dos reci?n llegados que nos convidan charqui
de pescado:
son un estibador de Talcahuano y su compadre
mapuche que lo trae al anca.
Todos bebimos en la misma medida
y volvimos como nuestros antepasados
ebrios al pueblo que un d?a nos rechazar?.

14
D?a domingo de salida de misa.
Las ni?as se pasean con la moda reci?n llegada de Santiago
acompa?adas por la banda del Regimiento que toca cumbias.
Los due?os de casa compran las primeras sand?as
y los diarios con las noticias frescas de los ?ltimos cr?menes.
Camino por las ?ltimas calles de este lugar de
bomberos, rotarios, carabineros, jubilados,
tinterillos y profesores primarios,
all? los pu?ales del sol entran por las costillas de los
pobres cercos de madera.
Siento los estertores de las postreras carretas y
locomotoras a vapor.
Busco la paz tendi?ndome en la pradera condecorada
por los girasoles
contemplando el glorioso oleaje del trigo
y los viajes infinitos de las nubes que van a llorar
por nosotros.
Publicado por wineruda @ 16:16  | Poes?a Imprescindible
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