Domingo, 25 de junio de 2006
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ELEG?A INTERRUMPIDA

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los ?leos.
Oigo el bast?n que duda en un pelda?o,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que muri? noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agon?a.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen se?as
y vagan de la l?mpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
c?mo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
?Y me invit? a morir esa mirada?
Quiz? morimos s?lo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qu? silencio entr?.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vac?o
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la ara?a del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero ?l, all? del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, ?l insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
?busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersi?n de los encuentros,
el yo, su gui?o abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus m?scaras, la v?bora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en m? se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo est? seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu v?ctima tambi?n es tu verdugo.
Mont?n de d?as muertos, arrugados
peri?dicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
"saluda al sol, ara?a, no seas rencorosa..."

Es un desierto circular el mundo,
el cielo est? cerrado y el infierno vac?o
Publicado por wineruda @ 23:21  | Poes?a Imprescindible
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Makkkafu
Mi?rcoles, 28 de junio de 2006 | 9:05
Una maravilla