Domingo, 09 de julio de 2006
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EL PABELLON DEL VACIO

Voy con el tornillo
preguntando en la pared,
un sonido sin color
un color tapado con un manto.
Pero vacilo y moment?neamente
ciego, apenas puedo sentirme.
De pronto, recuerdo,
con las u?as voy abriendo
el tokonoma en la pared.
Necesito un peque?o vac?o,
all? me voy reduciendo
para reaparecer de nuevo,
palparme y poner la frente en su lugar.
Un peque?o vac?o en la pared.

Estoy en un caf?
multiplicador del hast?o,
el insistente daiquir?
vuelve como una cara inservible
para morir, para la primavera.
Recorro con las manos
la solapa que me parece fr?a.
No espero a nadie
e insisto en que alguien tiene que llegar.
De pronto, con la u?a
trazo un peque?o hueco en la mesa.
Ya tengo el tokonoma, el vac?o,
la compa??a insuperable,
la conversaci?n en una esquina de Alejandr?a.
Estoy con ?l en una ronda
de patinadores por el Prado.
Era un ni?o que respiraba
todo el roc?o tenaz del cielo,
ya con el vac?o, como un gato
que nos rodea todo el cuerpo,
con un silencio lleno de luces.

Tener cerca de lo que nos rodea
y cerca de nuestro cuerpo,
la idea fija de que nuestra alma
y su envoltura caben
en un peque?o vac?o en la pared
o en un papel de seda raspado con la u?a.
Me voy reduciendo,
soy un punto que desaparece y vuelve
y quepo entero en el tokonoma.
Me hago invisible
y en el reverso recobro mi cuerpo
nadando en una playa,
rodeado de bachilleres con estandartes de nieve,
de matem?ticos y de jugadores de pelota
describiendo un helado de mamey.
El vac?o es m?s peque?o que un naipe
y puede ser grande como el cielo,
pero lo podemos hacer con nuestra u?a
en el borde de una taza de caf?
o en el cielo que cae por nuestro hombro.

El principio se une con el tokonoma,
en el vac?o se puede esconder un canguro
sin perder su saltante j?bilo.
La aparici?n de una cueva
es misteriosa y va desenrollando su terrible.
Esconderse all? es temblar,
los cuernos de los cazadores resuenan
en el bosque congelado.
Pero el vac?o es calmoso,
lo podemos atraer con un hilo
e inaugurarlo en la insignificancia.
Ara?o en la pared con la u?a,
la cal va cayendo
como si fuese un pedazo de la concha
de la tortuga celeste.
?La aridez en el vac?o
es el primer y ?ltimo camino?
Me duermo, en el tokonoma
evaporo el otro que sigue caminando.
Publicado por wineruda @ 9:59  | Poes?a Imprescindible
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