martes, 25 de julio de 2006
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Nota social

El poeta llega a la estación.
El poeta desciende.
El poeta toma un auto.
El poeta va para el hotel.
Y mientras hace eso
como cualquier hombre de la tierra,
una ovación lo persigue
hecha algarabía.
Banderolas
que despliegan sus alas.
Bandas de música. Cohetes.
Discursos. Gente con sombreros de paja.
Cámaras fotográficas disparadas.
Automóviles inmóviles.
Bravos...
El poeta está melancólico.

En un árbol del paseo público
(gestión de la actual administración)
árbol grueso, prisionero
de anuncios en colores,
árbol banal, árbol que nadie ve,
canta una cigarra.
Canta una cigarra que nadie oye
un himno que nadie aplaude.
Canta, bajo un sol terrible.
El poeta entra en el elevador
el poeta sube
el poeta se encierra en su cuarto.

El poeta está melancólico.



De frente a los últimos acontecimientos



¡Oh! seamos pornográficos
(dulcemente pornográficos).
¿Por qué seremos más castos
que nuestro abuelo portugués?

¡Oh!, seamos navegantes,
pioneros y guerreros,
lo que se quiera seamos,
sobre todo pornográficos.

Puede ser triste la tarde
y la mujer puede doler
como duele un puñetazo en el ojo
(pornográficos, pornográficos).

Están sonriendo tus amigos
de tu última resolución.
Pensaban que el suicidio
fuese la última resolución.
No comprenden, pobrecitos,
que lo mejor es ser pornográfico.

Propónselo a tu vecino,
al chofer de tu tranvía,
a todas las criaturas
que son inútiles y existen,
propónselo al hombre de gafas
y a la mujer con el bulto de ropa.
Dile a todos: mis hermanos,
¿no queréis ser pornográficos?

MI CORAZÓN NO ES MÁS GRANDE QUE EL MUNDO

No, mi corazón no es más grande que el mundo.
Es mucho más pequeño.
En él no caben ni mis dolores.
Por eso me gusta tanto contarme a mí mismo
por eso me desvisto, por eso me grito,
por eso frecuento los diarios,
me expongo crudamente en las librerías:
necesito de todos.
Sí, mi corazón es muy pequeño.
Sólo ahora veo que en él caben los hombres.
Los hombres están aquí afuera, están en la calle.
La calle es enorme. Más grande, mucho más grande
de lo que yo esperaba.
Mas en la calle tampoco caben todos los hombres.
La calle es más pequeña que el mundo.
El mundo es grande.
Tú sabes como es grande el mundo.
Conoces los navíos que llevan petróleo y libros, carne y algodón.
Viste los diferentes colores de los hombres,
los diferentes dolores de los hombres,
sabes cómo es difícil sufrir todo eso, amontonar todo eso
en un solo pecho de hombre... sin que estalle.
Cierra los ojos y olvida.
Escucha el agua en los vidrios tan calmada. No anuncia nada.
Sin embargo, se escurre en las manos,
¡tan calmada! va inundando todo...
¿Renacerán las ciudades sumergidas?
¿Los hombres sumergidos -volverán?
Mi corazón no sabe.
Estúpido, ridículo y frágil es mi corazón.
Sólo ahora descubro cómo es triste ignorar ciertas cosas.
(En la soledad de individuo
desaprendí el lenguaje
con que los hombres se comunican).
Otrora escuché a los ángeles, las sonatas, los poemas,
las confesiones patéticas.
Nunca escuché voz de gente. En verdad soy muy pobre.
Otrora viajé por países imaginarios, fáciles de habitar,
islas sin problemas, no obstante exhaustivas
y convocando al suicidio.
Mis amigos se fueron a las islas.
Las islas pierden al hombre.
Sin embargo algunos se salvaron y trajeron la noticia
de que el mundo, el gran mundo está creciendo todos los días,
entre el fuego y el amor.
Entonces, mi corazón también puede crecer.
Entre el amor y el fuego,
entre la vida y el fuego,
mi corazón crece diez metros y explota.
-¡Oh vida futura! nosotros te crearemos.



Búsqueda de la Poesia


No hagas versos sobre acontecimientos.

No hay creación ni muerte ante la poesía.

Ante ella es un sol estático la vida,

ni calienta ni ilumina.

Las afinidades, los cumpleaños, los incidentes personales nada cuentan.

No hagas poesía con el cuerpo,

ese excelente y confortable cuerpo, tan adverso a la efusión lírica.

Tu gota de bilis, tu careta de gozo o de dolor en lo oscuro son indiferentes.

No me reveles tus sentimientos,

que se aprovechan del equívoco e intentan el largo viaje.

Lo que piensas y sientes, eso aún no es poesía.



No cantes a tu ciudad, déjala en paz.

El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las casas.

No es música oída cuando pasas; rumor del mar en las calles junto a la línea de

espuma.

El canto no es la naturaleza

ni los hombres en sociedad.

Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nada significan.

La poesía (no saques poesía de las cosas)

omite el sujeto y el objeto.



No dramatices, no invoques,

no indagues. No pierdas tiempo en mentir.

No te aburras.

Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,

vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos de familia

desaparecen en la curva del tiempo, son algo inútil.



No recompongas

tu sepultada y melancólica infancia.

No osciles entre el espejo y la

memoria que se disipa.

Si se disipó no era poesía.

Si se partió cristal no era.



Penetra sordamente en el reino de las palabras.

Allí están los poemas que esperan ser escritos.

Están paralizados, pero sin desesperación,

hay calma y frescura en la intacta superficie.

Helos aquí solos y mudos, en estado diccionario.

Convive con tus poemas antes de escribirlos.

Ten paciencia, si oscuros. Calma si te provocan.

Espera que cada uno se realice y consuma

con su poder de palabra

y su poder de silencio.

No fuerces al poema a desprenderse del limbo.

No recojas del suelo el poema ya perdido.

No adules al poema. Acéptalo

como él aceptará su forma definitiva y concentrada

en el espacio.



Acércate y contempla las palabras.

Cada una

tiene mil facetas secretas bajo la faz neutra

y te pregunta, sin interés por la respuesta,

pobre o terrible, que le des:

¿Has traído la llave?



Observa:

yermas de melodía y de concepto

se refugiaron en la noche, las palabras.

Húmedas aún e impregnadas de sueño,

ruedan en un difícil río y se transforman en desprecio.
Publicado por wineruda @ 10:33  | Poesía Imprescindible
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