S?bado, 19 de agosto de 2006



ALG?N VESTIGIO DE TU PASO

La dulzura de recordar el sol en la espiral del sue?o
y el vano poder de haber ido tan lejos.

Es tan extra?o perdurar, oir a?n
la grave letan?a de los huesos y el hechizo del mundo.

D?jame ver, d?jame ver:
alguien me condujo hasta aqu? y se oculta,

cubierto de grandes praderas, de climas,
refugios bald?os, luces que brillan

en el faro donde la tierra termina.
Salido de lugares inciertos, de tr?picos y lluvias,

voraz como fuego, intruso,
la huella de sus dientes y sus besos en la manzana.

?De qui?n es ese rostro desconocido entrevisto
donde se pierde? Es incierto y ansioso

extraviado en la f?bula oscura de mi vida.
Adi?s, sombra m?a.



RUTINA DOM?STICA


Saboreo el caf? del desayuno despu?s del diluvio.
El salmodiante No?
est? tendido desnudo entre sus hijas y la guitarra
con la tierra al alcance de la mano.
La casa apareci? tra?da por un p?jaro
colgada del pico. El caf?
es negro y suntuoso
como el trono de un monarca africano
con cabezas de leones labradas por el rayo.

La Desconocida ambula por los cuartos
en las constelaciones del deseo,
perfumada y demasiado pr?xima
a las cosas que despiertan con ella,
con el desayuno,
llena de errores, ind?mita como las ?guilas,
enjoyada en su risa y su leyenda.
Escarbar? en mi pecho con su zarpa, me bendecir?
en un idioma salino
en el que todo es orgi?stico, devorador, inquietante.

Y tantos a?os han corrido con esta misma escena
mientras el gallo inicia el hechizo inexplicable
del d?a
que fosforece y pasa hacia las aguas oce?nicas.


MEMORIA

Extinguidas aquellas fren?ticas caricias
Pasada la luna del ceremonial de los besos
Se abre una jaula de demencia
Los bellos gatos de espasmo que a?llan enterrados vivos
Y un foco de im?genes extintas se instala en tu m?dula
Como una peste real. En la sombra
La mujer se desviste y penetra a su lecho
Y emprende su vuelo nupcial hasta las ?ltimas hogueras
del cielo
Y ?l madura a su lado para la muerte
En el c?lido invern?culo de sus sonrisas junto a su rostro
que desaparece
Jam?s despertar?n sobre sus besos
A lo largo de gomosas colinas en ondulantes dormitori
Donde brota una hierba indeleble
Caminos llenos de anzuelos
Un vestido que late sin nadie
Un retrato con dientes de fuego
Sonriendo a trav?s de los muros
?y qui?n no reverencia esas gracias en pena
Abrazos vac?os dichas de fracaso y de v?rtigo
Que me adulan como el demonio para despellejarme
Para homenajearme con pa?ses quemados sobre el
coraz?n?
Entonces
De esas enormes lunas que fermentan
En un calor de maleza tropical
Lleno de piernas de mujer
La luz de una lengua se expande
Y de nuevo estamos perdidos
De nuevo imploramos a ?dolos de orgullo y desamparo
De sexos despiadados
Con irrecuperables sonrisas eternas
Trozos de paisaje
Bocas de sacrilegio que no piden socorro
Que no tienen socorro.




EL EROTISMO Y LAS GAVIOTAS


Ahora pido evidencias, certidumbres.

En mi extra?o escenario, pasiones y las aves remotas,
surgen paraderos, lugares troncos, idilios,
el sol est? partido en dos por la avidez,
mutaciones y la pescader?a donde la muerte brilla con escamas,
al borde de la ruta, despu?s de las represas salineras.
La mujer del azar se contempla en su espejo,
con sensuales bucles, en el oscuro bosque de su amor,
flexible y voraz, su cuerpo regido por la luna
se alz? sobre el viento y el cielo,
lejano como estrellas, pero s?lo despu?s
vacilaciones, dudas y reproches
para una triste cr?nica donde r?e la mosca
en la edad triturada.
Reminiscentes caricias flotantes entre adioses
hacen temblar las cosas con un ardor ir?nico.
?Pero entonces
tampoco existi? el fuego,
el mundo relatado por una voz querida?
Parejos amantes, a ciegas en la ira y el esplendor del tiempo,
el mozo del hotel recogi? las maletas,
de ciudad en ciudad, de idioma en idioma, en medio de rostros
movedizos.
Al despertar aparec?a el fantasma;
sonriente,
con senos de una melosa consistencia, con dientes brillantes,
insistente y perfumado en la c?lida atm?sfera,
se tend?a en la playa con languidez, hablaba de las peque?as cosas
del d?a,
volando en torno a mi alma con la luz de los mares,
(con el sabor del whisky, hacia el cuerpo del hombre.
?No hay un guijarro entonces,
una naranja, un pu?ado de arena
que reclame la herencia sin destino del sue?o y el olvido?

Has o?do el exaltante chasquido del agua
como una boca que rememora de muy lejos,
inmensidad y huesos lavados por el sol,
brillando y ondulando y salpicando las rocas,
un solo instante, un suspiro y las nubes vac?as.

Y ahora, por Dios, nada de imprecisiones,
el viento,
sobre la mesa revientan espumas, los muros no existen,
el viento,
las gaviotas exhalan su graznido en el p?lido extremo del d?a,
ella se esfuma en la terraza con su copa y un lento cigarrillo en los
labios,
el viento,
los rostros son ahora m?s tensos, desaparecen de golpe,
nadie responde, hay un orden extra?o, fuera de lugar,
el viento,
la costa, la noche, zonas espl?ndidas y asesinas,
s?lo el viento, el viento con sus garras equ?vocas.




SITUACI?N

Una extra?a ave acu?tica
de largas patas amarillas y palm?pedas,
el pico turquesa
y un manojo de plumas insertado en el cr?neo
cada noche
prodiga la melod?a de su garganta polvorienta,
consume su p?lido cirio a la espera de alguna desdicha
y baila sin prisa sobre mi etern?n
cuando me duermo.
Baila condenada
como si zapateara
sobre la tierra entera,
hasta el fin del mundo,
como si acarreara sangre en la atm?sfera
hacia mi angustiado coraz?n.
En vano profiero palabras feroces,
plegarias, agito las hojas,
los muros de la casa,
el remolino de recuerdos
y lo sere extra?os que pasan por mis sue?os
para cerrar la luz de mis flores perdidas;
la muerdo, la desplumo,
la azoto,
y apenas si cae de ella una gota de sangre.
S?lo el amanecer la disipa,
pero retorna nuevamente
con la noche,
crispada, hambrienta,
desde los despojos de la memoria,
cada vez m?s furiosa
a bailar sobre mi estern?n.
Publicado por wineruda @ 18:04  | Poes?a Imprescindible
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