Domingo, 10 de septiembre de 2006


EL columpio de SEAMUS HEANEY



LAS puntas de unos dedos te lanzaban
Lejos, muy lejos ? hasta agarrar el vuelo-
Con un solo empuj?n el la espalda.
Tarde o temprano,

Fuimos aprendiendo , uno por uno, a viajar por los cielos,
Para atr?s y para adelante en el cobertizo abierto ,
Remando , dedos en alto, doblados en el ?ngulo por los aires.


*


fregonad, no. Tampoco Brueghel. Era m?s
La luz de los cielos de Hans Memling lejos del c?sped,
Luz sobre los campos y los setos, la boca del cobertizo
Insolada y en espera, los jergones de paja
Apilados , como proscenio y bambalinas
De la natividad, en espera de sus im?genes.
Y luego , en pleno escenario, el columpio mismo
Con un viejo costal torcido en su recoveco al centro,
Perfectamente quieto , colgando como polea de soga,
Un se?uelo puesto para tentar la elevaci?n del alma.

*


A?n as?, privilegi?bamos los pies en la tierra. Ella
Se sentaba ah?, majestuosa como una emperatriz,
Hundiendo los hinchados pues, uno por uno,
En la palangana de esmalte, aliment?ndola
De vez en cuando con el opulento
Arco humeante de una tetera en el suelo
Junto a ella: Aquel chapoteo era m?sica
AL o?do; su sonrisa, una mitigaci?n.
Cualquier luz que la diosa hiciera resplandecer
En torno a su predilecta salida del ba?o
Era justo lo necesario entonces, deb?a haber habido
S?banas frescas, los buenos oficios concurrentes,
Procesi?n y asombro. En cambio , ella se pon?a
Cada una de las medias el?sticas, desenroll?ndolas
Como la vida misma, a quien no le fallar?a y para la cual
No estaba destinada, Una vez, despu?s de vaciar la palangana,
Sali? a sentarse en el columpio para darnos gusto:
Ni fuera de lugar ni en su elemento,
S?lo tentada por aquello apenas un momento,
Recuperando a medias algo confuso a medias:
Dejarla a sus anchas, el instinto aconsejaba.


*


Para comenzar por cuenta propia, se aseguraba la soga
Contra los costados, por la espalda; se apoyaba en ella
Hasta tensarla y luego, de puntillas, a impulsarse
Lo m?s fuerte posible. As? se lanzaba por los aires
Algo aglomerado en la peque?ez de la espalda.
La cabeza casi tocaba el suelo, ante el rechinar del cobertizo.


*


Fuimos aprendiendo, uno por uno, a viajar a los cielos.
Los poblados se desvanec?an en los aer?dromos,
Hiroshima emit?a luz de huesos humanos.
La nariz del Concorde emigraba hacia el futuro.
Y ?qui?nes ?ramos nosotros par desear colgarnos
All? atr?s a pesar de todo?
a pesar de todo, naveg?bamos

M?s all? de nosotros mismos por arriba y por encima
De las vigas, con los om?platos doloridos.
El toma y daca de las ramas en nuestros brazos.
Publicado por wineruda @ 13:18  | Poes?a Imprescindible
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