Domingo, 17 de septiembre de 2006


La luna con gatillo



Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber alg?n d?a
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.

El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la ni?a dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un alba?il,
un herrero, un zapatero,
tambi?n saben lo suyo.

El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo ser?a maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.

Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.

Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.

?Comprend?is por qu?
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

He marchado detr?s de los obreros l?cidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.

El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cu?nto mejor ser?a para todos
que esto cambiara.

Yo los segu?
y ellos me siguieron.
?Ah? est? la cosa!

Cuando haya que lanzar la p?lvora
el hombre lanzar? la p?lvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzar? el libro.
De la uni?n de la p?lvora y el libro
puede brotar la rosa m?s pura.

Digo al peque?o cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al fr?volo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acorde?n:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.

No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser ?nicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jam?s,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.

Ni colmena, ni hormiguero,
no compar?is a los hombres
nada m?s que con los hombres.

Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor aut?ntico,
la alegr?a sin una mancha.

Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Brit?nica,
a un lugar en el ?mnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del ?ltimo Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.

No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vac?o.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la c?rcel y el hambre.
?No me dejar? sobornar!

No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal est? a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.

Subir? al cielo,
le pondr? gatillo a la luna
y desde arriba fusilar? al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.





EL VISITANTE

?El poeta es un esp?a de dios.?

Cuando el invierno vele los fantasmas azules
de la niebla en el barrio
y ya sean memoria la mudanza, el entierro del gorri?n,
el domingo,
y los libros se callen en las estanter?as
para que vuelva sin temor el grillo
del hogar, fugitivo de un distante verano,
preguntar? al olvido
d?nde se oculta el esp?a del tiempo,
en qu? relojer?a, en qu? almanaque,
en qu? caja de m?sica
abandonada por un ni?o
y junto a cu?l de las sutiles ventanas del crep?sculo
donde s?lo hacia adentro puede asomarse uno
la saudade construye sus delicados puentes.

y desde qu? clavel del aire
o qu? alga marina, o qu? arpa de Harpo Marx
apareciendo en un desv?n, de s?bito,
el porvenir ?que es poeta- nos mira.



ESCRITO EN UNA TRASTIENDA

EN TODOS los puertos del mundo
descansa la noche
sobre los nav?os oscuros
y reza su rosario de lunas
el viejo lobo curtido y silencioso.
Palomas de las m?sicas vagabundas
picotean los fanales encendidos.
Tu recuerdo ha hecho hueco en mi mano sin luz.
Ah, llegar a tu cabellera rubia como a un puerto final.

Atracan los astros
y detr?s de los grandes murallones de sombras
luces multicolores se roban las miradas
y las estrellas son af?nicas
como la voz de la violinista tuberculosa
cuya tos en el bar es obligatoria.
El alcohol anda en zancos y las mujeres canallas
Pasean su olor a polvo y su cansancio.
En todos los puertos del mundo
hay alguien que est? esperando.
Hasta muy cerca de los nav?os
salen los patios
y entran por los o?dos de los marinos.
Un sabor dulce, un amargo sabor.
En todos los puertos del mundo
hay vagabundos como yo
que asoman al asombro lejano
el coraz?n, como un barquito en la mano.
Hay una calle, larga borrachera,
pedazos de noche dispersada
y cuando llega el alba roja y con su clar?n
revuela p?jaros alucinados,
en todos los puertos del mundo
hay alguien que est? esperando.




LA CALLE DEL AGUJERO EN LA MEDIA


YO CONOZCO una calle que hay en cualquier ciudad
y la mujer que amo con una boina azul.
Una calle que nadie conoce ni transita.
Yo conozco la m?sica de un barrac?n de feria,
barquitos en botella y humo en el horizonte.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.

Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar
ni los labios sesgados sobre un viejo cantar
ni el affiche gastado del grotesco armaz?n
telara?a del mundo para mi coraz?n.
Ni las luces que siempre se van con otros hombres
de rodillas desnudas y de brazo tendidos.
Ten?a unos pocos sue?os iguales a los sue?os
que acarician de noche a los ni?os queridos.
Ten?a el resplandor de una felicidad
Y ve?a mi rostro fijado en las vidrieras
Y en un lugar del mundo era un hombre feliz.

?Conoce usted paisajes pintados en los vidrios
y mu?ecas de trapo con alegres bonetes
y soldaditos juntos marchando en la ma?ana
y carros de verdura con colores alegres?
Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera
y mi alma tan lejana y tan cerca de m?
y riendo de la muerte y de la suerte y
feliz como una rama de viento de primavera.

El ciego est? cantando. Te digo, amo la guerra.
Esto es simple, querida, como el globo de luz
del hotel en que vives. Yo subo la escalera
y la m?sica viene a mi lado, la m?sica.
Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda.
Alegres en lo alto de una calle cualquiera,
alegres las campanas con una nueva voz.
T? crees todav?a en la revoluci?n
y por el agujero que coses en la media
sale el sol y se llena todo el cuarto de sol.

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.
S?lo yo voy por ella con mi dolor desnudo,
s?lo con el recuerdo de una mujer querida.
Est? en un puerto. ?Un puerto? Yo he conocido un puerto.
Decir: Yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.
Publicado por wineruda @ 1:12  | Poes?a Imprescindible
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