lunes, 23 de octubre de 2006



En la playa

El viento, más

que yo,

se fuma este cigarro

entre mis dedos,

dejándome el placer

de sólo tres o cuatro bocanadas,

y el mar expropia las palabras

que te digo,

porque, acostada, no me oyes.

El sol, el viento y la marea

te ensordecen

y cuando me levanto

para dar dos pasos,

viendo mis huellas que se imprimen

en la arena,

pienso que esas pisadas mienten,

que ya no piso así desde hace no sé cuándo;

son huellas de otro

que sobrevive en mis pisadas, pues las mías

son mucho menos elocuentes.

Tú, en cambio, que me ves

completo e indivisible,

sabes mejor que nadie cómo soy mortal,

cómo mis huellas en la arena me describen

y cómo se plasma en ellas lo que soy,

sabes mejor que nadie cómo no escucharme.





Época de crisis


Este edificio tiene
los ladrillos huecos,
se llega a saber todo
de los otros,
se aprende a distinguir
las voces y los coitos.
Unos aprenden a fingir
que son felices,
otros que son profundos.
A veces algún beso
de los pisos altos
Se pierde en los departamentos
inferiores,
hay que bajar a recogerlo:
"Mi beso, por favor,
si es tan amable".
"Se lo guardé en papel periódico".
Un edificio tiene
su época de oro,
los años y el desgaste
lo adelgazan,
le dan un parecido
con la vida que transcurre.
La arquitectura pierde peso
y gana la costumbre,
gana el decoro.
La jerarquía de las paredes,
se disuelve,
el techo, el piso, todo.
Se hace cóncavo
es cuando huyen los jóvenes,
le dan la vuelta al mundo.
Quieren vivir en edificios
vírgenes,
quieren por techo el techo
y por paredes las paredes,
no quieren otra índole
de espacio.
Este edificio no contenta
a nadie,
está en su época de crisis,
de derrumbarlo habría
que derrumbarlo ahora,
después va a ser difícil.

De lunes, todo el año
Publicado por wineruda @ 15:30  | Poesía Imprescindible
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