Martes, 07 de noviembre de 2006



A mi buitre


Este buitre voraz de ce?o torvo
que me devora las entra?as fiero
y es mi ?nico y constante compa?ero
labra mis penas con su pico corvo.

El d?a en que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre, quiero
que me dej?is con ?l solo y se?ero
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agon?a,
mientras ?l mi ?ltimo despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombr?a

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa en que satisfac?a
el hambre atroz que nunca se le apaga.



Horas serenas


Horas serenas del ocaso breve,
cuando la mar se abraza con el cielo
y se despierta el inmortal anhelo
que al fundirse la lumbre, lumbre bebe.

Copos perdidos de encendida nieve,
las estrellas se posan en el suelo
de la noche celeste, y su consuelo
nos dan piadosas con su brillo leve.

Como en concha sutil perla perdida,
l?grima de las olas gemebundas,
entre el cielo y la mar sobrecogida

el alma cuaja luces moribundas
y recoge en el lecho de su vida
el poso de sus penas m?s profundas.




Me Destierro a la Memoria



Me destierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia,

que es enfermedad la vida
y muero viviendo enfermo.
Me voy, pues, me voy al yermo
donde la muerte me olvida.

Y os llevo conmigo, hermanos,
para poblar mi desierto.
Cuando me cre?is m?s muerto
retemblar? en vuestras manos.

Aqu? os dejo mi alma-libro,
hombre-mundo verdadero.
Cuando vibres todo entero,
soy yo, lector, que en ti vibro.






La oraci?n del ateo


Oye mi ruego T?, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
T? que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de enga?o. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando T? de mi mente m?s te alejas,
m?s recuerdo las pl?cidas consejas
con que mi ama endulz?me noches tristes.

?Qu? grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si t? existieras
existir?a yo tambi?n de veras.



Orhoit Gutaz
En la peque?a iglesia de Biriatu, a orillas del Bidasoa, hay un m?rmol
funerario con la lista de los once hijos de Biriatu que murieron por
Francia en la gran guerra. En la cabecera dice: "A sus hijos que han
muerto en la guerra, el pueblo de Biriatu". Luego, la lista de los muertos.
Y debajo: Orhoit Gutaz, esto es, "Acordaos de nosotros"



Pasasteis como pasan por el roble
las hojas que arrebata en primavera
pedrisco intempestivo;
pasasteis, hijos de mi raza noble,
vestida el alma de infantil eusquera,
pasasteis al archivo
de m?rmol funeral de una iglesiuca
que en el regazo recogido y verde
del Pirineo vasco
al tibio sol del monte se acurruca.
Abajo, el Bidasoa va y se pierde
en la mar; un pe?asco
recoge de sus olas el gemido,
que pasan, tal las hojas rumorosas,
tal vosotros, oscuros
hijos sumisos del hogar henchido
de silenciosa tradici?n. Las fosas
que a vuestros huesos, puros,
blancos, les dan de ?ltima cuna lecho,
fosas que abri? el ca??n en sorda guerra,
no escuchar?n el canto
de la materna lluvia que el helecho
deja caer en vuestra patria tierra
como celeste llanto?
No escuchar?n la esquila de la vaca
que en la ladera, al pie del caser?o,
dobla su cuello al suelo,
ni a lo lejos la voz de la resaca
de la mar que amamanta a vuestro r?o
y es canto de consuelo.
Fuisteis como corderos, en los ojos
guardando la sonrisa dolorida
?l?grimas del ocaso?,
de vuestras madres ?el alma de hinojos?,
?y en la agon?a de la paz la vida
rendisteis al acaso!?
?Por qu?? ?Por qu?? Jam?s esta pregunta
terrible tortur? vuestra inocencia;
nacisteis? nadie sabe
por qu? ni para qu? ara la yunta,
y el campo que ara es toda su conciencia,
y canta y vuela el ave?
?Orhoit Gutaz! Ped?s nuestro recuerdo
y una lecci?n nos dais de mansedumbre;
calle el porqu?, vivamos
como hab?is muerto, sin porqu?, es lo cuerdo?
los r?os a la mar?, es la costumbre
y con ella pasamos?

LXI


Vuelve hacia atr?s la vista, caminante,
ver?s lo que te queda de camino;
desde el oriente de tu cuna el sino
ilumina tu marcha hacia adelante.

Es del pasado el porvenir semblante;
como se ir? la vida as? se vino;
cabe volver las riendas del destino
como se vuelve del rev?s un guante.

Lleva tu espalda reflejado el frente;
sube la niebla por el r?o arriba
y se resuelve encima de la fuente;

la lanzadera en su vaiv?n se aviva;
desnacer?s un d?a de repente;
nunca sabr?s d?nde el misterio estriba.
Publicado por wineruda @ 20:53  | Poes?a Imprescindible
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