Viernes, 15 de diciembre de 2006
PRISMA


Yo soy un punto muerto en medio de la hora,
equidistante al grito n?ufrago de una estrella.
Un parque de manubrio se engarrota en la sombra,
y la luna sin cuerda
me oprime en las vidrieras.

Margaritas de oro
deshojadas al viento.

La ciudad insurrecta de anuncios luminosos
flota en los almanaques,
y all? de tarde en tarde,
por la calle planchada se desangra un el?ctrico.

El insomnio, lo mismo que una enredadera,
se abraza a los andamios sinoples del tel?grafo,
y mientras que los ruidos descerrajan las puertas,
la noche ha enflaquecido lamiendo su recuerdo.

El silencio amarillo suena sobre mis ojos.
Prismal, di?fana m?a, para sentirlo todo!

Yo depart? sus manos,
pero en aquella hora
gris de las estaciones,
sus palabras mojadas se me echaron al cuello,
y una locomotora
sedienta de kil?metros la arranc? de mis brazos.

Hoy suenan sus palabras m?s heladas que nunca.
Y la locura de Edison a manos de lluvia!

El cielo es un obst?culo para el hotel inverso
refractado en las lunas sombr?as de los espejos;
los violines se suben como la champa?a,
y mientras las orejas sondean la madrugada,
el invierno huesoso tirita en los percheros.

Mis nervios se derraman.

La estrella del recuerdo

naufragaba en el agua
del silencio.

T? y yo

Coincidimos

en la noche terrible,

meditaci?n tem?tica
deshojada en jardines.

Locomotoras, gritos,
arsenales, tel?grafos.

El amor y la vida
son hoy sindicalistas,

y todo se dilata en c?rculos conc?ntricos.




PUERTO



Llegaron nuestros pasos hasta la borda de la tarde;
el Atl?ntico canta debajo de los muelles
y presiento un reflejo de mujeres
que sonr?en al comercio
de los pa?ses nuevos.

El humo de los barcos
desmadeja el paisaje;
brumosa a traves?a
florecida de pipas.
?Oh rubia transe?nte de las zonas mar?timas,
de pronto eres la imagen
movible del acuario!

Hay un tr?fico ardiente de avenidas
frente al hotel abanicado de palmeras.

Te asomas por la celos?a
de las canciones
al puerto palpitante de motores
y los colores de la lejan?a
me miran en tus tiernos ojos.

Entre las enredaderas venenosas
que enmara?an el sue?o
recojo sus se?ales amorosas;
la dicha nos espera
en el alegre verano de sus besos;
la arrodilla el oc?ano de caricias,
y el piano
es una hamaca en la alameda.

Se re?ne la luna all? en los m?stiles,
y un viento de ceniza
me arrebata tu nombre;
la navegaci?n agitada de pa?uelos
y los adioses surcan nuestros pechos,
y en la d?bil memoria de todos estos goces
s?lo los p?talos de sus estremecimientos
perfuman las orillas de la noche.
Publicado por wineruda @ 20:51  | Poes?a Imprescindible
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