Viernes, 15 de diciembre de 2006


NO TE DETENGAS

No dejes que termine el d?a sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sue?os.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poes?as
s? pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia est? intacta.
Somos seres llenos de pasi?n.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos ense?a,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra contin?a:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de so?ar,
porque en sue?os es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayor?a vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poes?a sobre peque?as cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del p?nico que te provoca
tener la vida por delante.
V?vela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti est? el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan ense?arte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...





EL HALC?N MOTEADO VUELA SOBRE M?

El halc?n moteado cala sobre m?,
y me acusa lament?ndose
por mi charla y mi pereza.

Yo tambi?n soy indomable,
yo tambi?n soy intraducible.
Sobre los techos del mundo,
resuena mi b?rbaro graznido.

El ?ltimo celaje del d?a,
se detiene a esperar por m?,
lanzo mi figura, tras las otras,
reposando verdaderamente en cualquier
sombra silvestre.
Me insta engatus?ndome hacia la bruma,
y hacia la oscuridad.

Me alejo como el aire,
sacudo mi bucle blanco en el sol fugitivo.
Vierto mi carne en remolinos,
y la dejo arrastrar por la mueca del encaje.
Me entrego, a m? mismo, al barro,
para brotar en la hierba que amo.

Si me necesitas,
b?scame en la suela de tus botas.

Apenas sabr?s quien soy,
y lo que quiero decir.
No obstante soy tu buena salud,
y filtrar? con filamentos tu sangre.

No desfallezcas si no me encuentras pronto.
Si no estoy en un lugar, b?scame en otro.
En alg?n lugar te estar? esperando.


CUALESQUIERA QUE SE?IS LOS QUE AHORA



Cualesquiera que se?is los que ahora me ten?is de la mano,
Sin una sola cosa todo resultar?a ocioso,
Yo os prevengo lealmente antes de que intent?is llevar m?s
lejos vuestra recriminaci?n,
Yo no soy lo que supon?is, sino muy diferente.
?Qui?n es el que aspira a ser mi disc?pulo?
?Qui?n se siente candidato para mi afecto?
El camino es receloso, el resultado incierto, quiz? nefasto,
Ser? preciso que renunci?is a todo, yo s?lo aspiro a ser
vuestro ?nico y exclusivo modelo.
Vuestro noviciado ser? prolongado y extenuante,
Toda vuestra pasada teor?a de la vida y la conformidad
con las vidas que os rodean tienen que ser abandonadas,
Por consiguiente, abandonadme ahora, antes de que experiment?is
m?s adelante cualquier pesar, dejad caer vuestras
manos de mis hombros,
Dejadme y seguid vuestro camino.
De otro modo, en secreto, en alg?n bosque, a prueba,
O detr?s de una roca, al aire libre,
(Pues que bajo el techo de la alcoba yo no surjo, ni aunque
est? acompa?ado,
Y en las bibliotecas yo permanezco cual un mudo, o un bobo,
o un nonato, o un muerto),
Pero, es muy posible, que, receloso, con vosotros en la cumbre
de una colina, ojo avizor, me cuide de cualquiera
que inopinadamente se aproxime,
O, es probable que, navegando con vosotros, o en la playa,
o en cualquiera isla tranquila,
All? os permita posar vuestros labios sobre los m?os
Con el prolongado beso del camarada, o el beso del flamante
esposo,
Porque yo soy el nuevo esposo y yo soy tambi?n el camarada.
O, si vosotros quer?is, introduci?ndome en lo profundo de
vuestros vestidos,
All? podr? sentir los latidos de vuestro coraz?n, o sobre
vuestra cadera detenerme complacido.
Llevadme cuando salg?is por tierra o mar,
Porque, de esta suerte, s?lo tocaros ser? suficiente, lo mejor,
Y de esta suerte, toc?ndoos, yo quisiera en silencio dormir y
ser trasladado a la eternidad.
Pero estas hojas, observadlas con atenci?n y leedlas con
riesgo,
Porque ni a estas hojas ni a m? nos comprender?is,
Ellas os eludir?n al principio y aplacar?n mucho m?s tarde,
Yo, seguramente os rehuir?
En el preciso instante en que cre?is incuestionablemente haberme
cogido,
? Mirad! Ya de vosotros he huido.
No escrib? este libro por lo que en ?l he puesto,
Ni ley?ndolo alcanzar?is su sentido,
Ni los que mejor me conocen son aquellos que m?s me admiran
vanaglori?ndose de conocerme,
Ni son los candidatos para mi amor (con excepci?n de unos
pocos) los que cantar?n la victoria,
Ni mis poemas, s?lo ocasionar?n bien, quiz? har?n mal,
mucho mal,
Porque todo ser?a en vano sin eso que muchas veces acaso
pod?is barruntar sin precisar, eso que yo s?lo he sugerido;
?Dejadme, entonces, y continuad vuestro camino!







CON LA TERRIBLE DUDA DE LAS APARIENClAS


Con la terrible duda de las apariencias,
Con la incertidumbre, despu?s de todo, de que estemos alucinados,
Que quiz? la confianza y la esperanza, despu?s de todo, son
meras teor?as,
Que quiz? la identidad m?s all? de la tumba, despu?s de
todo, s?lo es una bella f?bula,
Quiz? las cosas que yo percibo, los animales, plantas, hombres,
monta?as, las lucientes y floridas aguas,
Los cielos del d?a y de la noche, colores, densidades, formas,
quiz? estas cosas (lo son, sin duda) no sean m?s que
simples apariencias, y lo real est? a?n por ser conocido,
(?Con cu?nta frecuencia pienso que ellas, como dados, huyen
confundi?ndome y burl?ndose de m?!
Con cu?nta frecuencia pienso que nada conozco, que ning?n
hombre conoce nada de ellas!),
Quiz? pareci?ndome que ellas son (ya que, sin duda, no
hacen m?s que parecer) desde mi actual punto de vista,
y podr?an demostrarme (como al fin resultar?an) que
no son nada de lo que aparentan, o nada de cualquier
modo, desde puntos de vista enteramente diferentes;
Para m? estas y otras cosas similares tienen una curiosa respuesta
en mis amantes, mis amigos queridos,
Cuando el que amo viaja conmigo o permanece largo rato a
mi lado asi?ndome de la mano,
Cuando el aire sutil, impalpable, y el sentido que ni las palabras
ni la raz?n expresan, nos circundan y penetran,
Entonces, abrumado por el peso de una inaudita e indecible
sabidur?a, yo me callo, y no pregunto nada,
No puedo formular la pregunta de las apariencias, o la de la
identidad m?s all? de la tumba,
Pero, avanzo o hago alto indiferente, pues yo estoy satisfecho,
El que me tiene asido de la mano, est? plenamente satisfecho
de m?.


48

Yo he dicho que el alma no es m?s que el cuerpo,
Y he dicho que el cuerpo no es m?s que el alma;
Y que nada, ni siquiera Dios, es m?s grande para cualquiera
que una part?cula de s? mismo,
Y que cualquiera que marche un kil?metro sin simpat?a,
avanza hacia sus funerales cubierto con su mortaja,
Y que t? o yo, sin un c?ntimo en el bolsillo, podemos adquirir
lo mejor que en la tierra existe,
Y que mirar con un solo ojo o mostrar una habichuela en
su vaina confunde la sabidur?a de todos los tiempos,
Y que no existe trabajo o empleo que, sigui?ndolo un hombre
joven, a la postre no lo convierta en un h?roe,
Y que no hay objeto, por fr?gil que sea, que no sirva de
eje para la rueda del universo,
Y yo le digo a todo hombre y a toda mujer: que tu alma
se mantenga serena y tranquila ante un mill?n de universos.
Y yo le digo a la humanidad: no te muestres curiosa en
cuanto a Dios,
Yo, que tengo curiosidad por cada cosa, no manifiesto curiosidad
alguna en cuanto a Dios;
(No hay palabras suficientes para expresar hasta qu? punto
estoy en paz con Dios y con la muerte.)
Yo escucho y contemplo a Dios en todo objeto, pero no lo
comprendo bajo ning?n concepto,
Tampoco concibo que pueda existir algo m?s maravilloso
que yo mismo.
?Por qu? he de pretender que Dios es mejor que este d?a?
Algunas veces veo a Dios en cada una de las veinticuatro
horas del d?a, y tambi?n en cada instante;
En los rostros de los hombres y de las mujeres veo a Dios,
y en mi propio rostro cuando me contemplo ante el es
pejo;
Encuentro cartas de Dios abandonadas en las calles, y cada
una lleva la firma con el nombre de Dios,
Y yo las dejo donde est?n, porque s? que en cualquier lugar
donde yo vaya,
Con la misma puntualidad, otras cartas llegar?n y llegar?n.

51

El pasado y el presente se desvanecen- los he colmado,
los he vaciado,
Y, para el futuro, me apresto a llenar mi pr?xima cuna.
?T? que all? en lo alto, escuchas! ?Qu? tienes que confiarme?
M?rame de frente mientras resoplo recorriendo el oblicuo
camino del atardecer;
(Habla honestamente, nadie m?s te escucha, y yo no permanecer?
ni un minuto m?s).
?Acaso me contradigo?
Muy bien; me contradigo,
(Yo soy amplio, contengo las multitudes).
Yo me concentro en aquellos que est?n pr?ximos, y
aguardo su paso, en el umbral.
?Qui?n ha dado fin a la diaria jornada?
?Qui?n fue el primero en terminar su comida?
?Qui?n quiere pasear conmigo?
?Quieres hablar antes de mi partida? ?No estar?s ya retrasado?
Publicado por wineruda @ 21:26  | Poes?a Imprescindible
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios