Domingo, 31 de diciembre de 2006



UN DESPERTAR

Dentro de un sue?o estaba emparedado.
Sus muros no ten?an consistencia
ni peso: su vac?o era su peso.
Los muros eran horas y las horas
fija y acumulada pesadumbre.
El tiempo de esas horas no era tiempo.

Salt? por una brecha: eran las cuatro
en este mundo. El cuarto era mi cuarto
y en cada cosa estaba mi fantasma.
Yo no estaba. Mir? por la ventana:
bajo la luz el?ctrica ni un alma.
Reverberos en vela, nieve sucia,
casas y autos dormidos, el insomnio
de una l?mpara, el roble que habla solo,
el viento y sus navajas, la escritura
de las constelaciones, ilegible.

En s? mismas las cosas se abismaban
y mis ojos de carne las ve?an
abrumadas de estar, realidades
desnudas de sus nombres. Mis dos ojos
eran almas en pena por el mundo.
En la calle sin nadie la presencia
pasaba sin pasar, desvanecida
en sus hechuras, fija en sus mudanzas,
ya vuelta casas, robles, nieve, tiempo.
Vida y muerte flu?an confundidas.

Mirar deshabitado, la presencia
con los ojos de nadie me miraba:
haz de reflejos sobre precipicios.
Mir? hacia adentro: el cuarto era mi cuarto
y yo no estaba. Al ser nada le falta
-siempre lleno de s?, jam?s el mismo-
aunque nosotros ya no estemos... Fuera,
todav?a indecisas, claridades:
el alba entre confusas azoteas.
Ya las constelaciones se borraban.


MON?LOGO


Bajo las rotas columnas,
entre la nada y el sue?o,
cruzan mis horas insomnes
las s?labas de tu nombre.

Tu largo pelo rojizo,
rel?mpago del verano,
vibra con dulce violencia
en la espalda de la noche.

Corriente oscura del sue?o
que mana entre las r?inas
y te construye de nada:
amargas trenzas, olvido,
h?meda costa nocturna
donde se tiende y golpea
un mar son?mbulo, ciego.




LA CASA DE LA MIRADA


A Matta

Caminas adentro de ti mismo y el tenue reflejo serpeante que te conduce
no es la ?ltima mirada de tus ojos al cerrarse ni es el sol t?mido golpeando tus p?rpados:
es un arroyo secreto, no de agua sino de latidos: llamadas, respuestas, llamadas,
hilo de claridades entre las altas yerbas y las bestias agazapadas de la conciencia a obscuras.
Sigues el rumor de tu sangre por el pa?s desconocido que inventan tus ojos
y subes por una escalera de vidrio y agua hasta una terraza.
Hecha de la misma materia impalpable de los ecos y los tintineos,
la terraza, suspendida en el aire, es un cuadril?tero de luz, un ring magn?tico
que se enrolla en s? mismo, se levanta, anda y se planta en el circo del ojo,
g?iser lunar, tallo de vapor, follaje de chispas, gran ?rbol que se enciende y apaga y enciende:
est?s en el interior de los reflejos, est?s en la casa de la mirada,
has cerrado los ojos y entras y sales de ti mismo a ti mismo por un puente de latidos:
EL CORAZ?N ES UN OJO.

Est?s en la casa de la mirada, los espejos han escondido todos sus espectros,
no hay nadie ni hay nada que ver, las cosas han abandonado sus cuerpos,
no son cosas, no son ideas: son disparos verdes, rojos, amarillos, azules,
enjambres que giran y giran, espirales de legiones desencarnadas,
torbellino de las formas que todav?a no alcanzan su forma,
tu mirada es la h?lice que impulsa y revuelve las muchedumbres incorp?reas,
tu mirada es la idea fija que taladra el tiempo, la estatua inm?vil en la plaza del insomnio,
tu mirada teje y desteje los hilos de la trama del espacio,
tu mirada frota una idea contra otra y enciende una l?mpara en la iglesia de tu cr?neo,
pasaje de la enunciaci?n a la anunciaci?n, de la concepci?n a la asunci?n,
el ojo es una mano, la mano tiene cinco ojos, la mirada tiene dos manos,
estamos en la casa de la mirada y no hay nada que ver, hay que poblar otra vez la casa del ojo,
hay que poblar el mundo con ojos, hay que ser fieles a la vista, hay que
CREAR PARA VER.

La idea fija taladra cada minuto, el pensamiento teje y desteje la trama,
vas y vienes entre el infinito de afuera y tu propio infinito,
eres un hilo de la trama y un latido del minuto, el ojo que taladra y el ojo tejedor,
al entrar en ti mismo no sales del mundo, hay r?os y volcanes en tu cuerpo, planetas y hormigas,
en tu sangre navegan imperios, turbinas, bibliotecas, jardines,
tambi?n hay animales, plantas, seres de otros mundos, las galaxias circulan en tus neuronas,
al entrar en ti mismo entras en este mundo y en los otros mundos,
entras en lo que vio el astr?nomo en su telescopio, el matem?tico en sus ecuaciones:
el desorden y la simetr?a, el accidente y las rimas, las duplicaciones y las mutaciones,
el mal de San Vito del ?tomo y sus part?culas, las c?lulas reincidentes, las inscripciones estelares.

Afuera es adentro, caminamos por donde nunca hemos estado,
el lugar del encuentro entre esto y aquello est? aqu? mismo y ahora,
somos la intersecci?n, la X, el aspa maravillosa que nos multiplica y nos interroga,
el aspa que al girar dibuja el cero, ideograma del mundo y de cada uno de nosotros.
Como el cuerpo astral de Bruno y Cornelio Agripa, como las granes transparentes de Andr? Breton,
veh?culos de materia sutil, cables entre ?ste y aquel lado,
los hombres somos la bisagra entre el aqu? el all?, el signo doble y uno, V y ^ ,
pir?mides superpuestas unidas en un ?ngulo para formar la X de la Cruz,
cielo y tierra, aire y agua, llanura y monte, lago y volc?n, hombre y mujer,
el mapa del cielo se refleja en el espejo de la m?sica,
donde el ojo se anula nacen mundos:
LA PINTURA TIENE UN PIE EN LA ARQUITECTURA Y OTRO EN EL SUE?O.

La tierra es un hombre, dijiste, pero el hombre no es la tierra,
el hombre no es este mundo ni los otros mundos que hay en este mundo y en los otros,
el hombre es la boca que empa?a el espejo de las semejanzas y dice s?,
el equilibrista vendado que baila sobre la cuerda floja de una sonrisa,
el espejo universal que refleja otro mundo al repetir a ?ste, el que transfigura lo que copia,
el hombre no es el que es, c?lula o dios, sino el que est? sienpre m?s all?.
Nuestras pasiones no son los ayuntamientos de las substancias ciegas pero los combate y los abrazos de los elementos riman con nuestros deseos y apetitos,
pintar es buscar la rima secreta, dibujar al eco, pintar el eslab?n:
El V?rtigo de Eros es el vah?do de la rosa al mecerse sobre el osario,
la aparici?n de la aleta del pez al caer la noche en el mar es el centelleo de la idea,
t? has pintado al amor tras una cortina de agua llameante
PARA CUBRIR LA TIERRA CON UN NUEVO ROC?O.

En el espejo de la m?sica las constelaciones se miran antes de disiparse,
el espejo se abisma en s? mismo anegado de claridad hasta anularse en un reflejo,
los espacios fluyen y se despe?an bajo la mirada del tiempo petrificado,
las presencias son llamas, las llamas son tigres, los tigres se han vuelto olas,
cascada de transfiguraciones, cascada de repeticiones, trampas del tiempo:
hay que darle su raci?n de lumbre a la naturaleza hambrienta,
hay que agitar la sonaja de las rimas para enga?ar al tiempo y despertar al alma,
hay que plantar ojos en la plaza, hay que regar los parques con risa solar y lunar,
hay que aprender la tonada de Ad?n, el solo de la flauta del f?mur,
hay que construir sobre este espacio inestable la casa de la mirada,
la casa de aire y de agua donde la m?sica duerme, el fuego vela y pinta el poeta.



TROWBRIDGE STREET

1

El sol dentro del d?a
El fr?o dentro del sol.
Calles sin nadie
autos parados
Todav?a no hay nieve
hay viento viento
Arde todav?a
en el aire helado
un arbolito rojo
Hablo con ?l al hablar contigo

2

Estoy en un cuarto abandonado del lenguaje
T? est?s en otro cuarto id?ntico
O los dos estamos
en una calle que tu mirada ha despoblado
El mundo
imperceptiblemente se deshace
Memoria
desmoronada bajo nuestros pasos
Estoy parado a la mitad de esta l?nea
no escrita

3

Las puertas se abren y cierran solas
El aire
entra y sale por nuestra casa
El aire
habla a solas al hablar contigo
El aire
sin nombre por el pasillo interminable
No se sabe qui?n est? del otro lado
El aire
vuelve aire todo lo que toca
El aire
con dedos de aire disipa lo que digo
Soy aire que no miras
No puedo abrir tus ojos
No puedo cerrar la puerta
El aire se ha vuelto s?lido

4

Esta hora tiene la forma de una pausa
La pausa tiene tu forma
T? tienes la forma de una fuente
no de agua sino de tiempo
En lo alto del chorro de la fuente
saltan mis pedazos
el fui el soy el no soy todav?a
Mi vida no pesa
El pasado se adelgaza
El futuro es un poco de agua en tus ojos

5

Ahora tienes la forma de un puente
Bajo tus arcos navega nuestro cuarto
Desde tu pretil nos vemos pasar
Ondeas en el viento m?s luz que cuerpo
En la otra orilla el sol crece
al rev?s
Sus ra?ces se entierran en el cielo
Podr?amos ocultarnos en su follaje
Con sus ramas prendemos una hoguera
El d?a es habitable

6

El fr?o ha inmovilizado al mundo
El espacio es de vidrio
El vidrio es de aire
Los ruidos m?s leves erigen
s?bitas esculturas
el eco las multiplica y las dispersa
Tal vez va a nevar
Tiembla el ?rbol encendido
Ya est? rodeado de noche
Al hablar con ?l hablo contigo



HABLO DE LA CIUDAD

A Eliot Weinberger

novedad de hoy y ruina de pasado ma?ana, enterrda y resucitada cada d?a,
convivida en calles, plazas, autobuses, taxis, cines, teatros, bares, hoteles, palomares, catacumbas,
la ciudad enorme que cabe en un cuarto de tres metros cuadrados inacabable como una galaxia,
la ciudad que nos sue?a a todos y que todos hacemos y deshacemos y rehacemos mientras so?amos,
la ciudad que todos so?amos y que cambia sin cesar mientras la so?amos,
la ciudad que despierta cada cien a?os y se mira en el espejo de una palabra y no se reconoce y otra vez se echa a dormir,
la ciudad que brota de los p?rpados de la mujer que duerme a mi lado y se convierte,
con sus monumentos y sus estatuas, sus historias y sus leyendas,
en un manantial hecho de muchos ojos y cada ojo refleja el mismo paisaje detenido,
antes de las escuelas y las prisiones, los alfabetos y los n?meros, el altar y la ley:
el r?o que es cuatro r?os, el huerto, el ?rbol, la Varona y el Var?n vestido de viento
?volver, volver, ser otra vez arcilla, ba?arse en esa luz, dormir bajo esas luminarias,
flotar sobre las aguas del tiempo como la hoja llameante del arce que arrastra la corriente,
volver, ?estamos dormidos o despiertos?, estamos, nada m?s estamos, amanece, es temprano,
estamos en la ciudad, no podemos salir de ella sin caer en otra, id?ntica aunque sea distinta,
hablo de la ciudad inmensa, realidad diaria hecha de dos palabras: los otros,
y en cada uno de ellos hay un yo cercenado de un nosotros, un yo a la deriva,
hablo de la ciudad construida por los muertos, habitada por sus tercos fantasmas, regida por su desp?tica memoria,
la ciudad con la que hablo cuando no hablo con nadie y que ahora me dicta estas palabras insomnes,
hablo de las torres, los puentes, los subterr?neos, los hangares, maravillas y desastres,
El estado abstracto y sus polic?as concretos, sus pedagogos, sus carceleros, sus predicadores,
las tiendas en donde hay de todo y gastamos todo y todo se vuelve humo,
los mercados y sus pir?mides de frutos, rotaci?n de las cuatro estaciones, las reses en canal colgando de los garfios, las colinas de especias y las torres de frascos y conservas,
todos los sabores y los colores, todos los olores y todas las materias, la marea de las voces ?agua, metal, madera, barro?, el traj?n, el regateo y el trapicheo desde el comienzo de los d?as,
hablo de los edificios de canter?a y de m?rmol, de cemento, vidrio, hierro, del gent?o en los vest?bulos y portales, de los elevadores que suben y bajan como el mercurio en los term?metros,
de los bancos y sus consejos de administraci?n, de las f?bricas y sus gerentes, de los obreros y sus m?quinas incestuosas,
hablo del desfile inmemorial de la prostituci?n por calles largas como el deseo y como el aburrimiento,
del ir y venir de los autos, espejo de nuestros afanes, quehaceres y pasiones (?por qu?, para qu?, hacia d?nde?),
de los hospitales siempre repletos y en los que siempre morimos solos,
hablo de la penumbra de ciertas iglesias y de las llamas titubeantes de los cirios en los altares,
t?midas lenguas con las que los desamparados hablan con los santos y con las v?rgenes en un lenguaje ardiente y entrecortado,
hablo de la cena bajo la luz tuerta en la mesa coja y los platos desportillados,
de las tribus inocentes que acampan en los bald?os con sus mujeres y sus hijos, sus animales y sus espectros,
de las ratas en el alba?al y de los gorriones valientes que anidan en los alambres, en las cornisas y en los ?rboles martirizados,
de los gatos contemplativos y de sus novelas libertinas a la luz de la luna, diosa cruel de las azoteas,
de los perros errabundos, que son nuestros franciscanos y nuestros bhikkus, los perros que desentierran los huesos del sol,
hablo del anacoreta y de la fraternidad de los libertarios, de la conjura de los justicieros y de la banda de los ladrones,
de la conspiraci?n de los iguales y de la sociedad de amigos del Crimen, del club de los suicidas y de Jack el Destripador,
del Amigo de los Hombres, afilador de la guillotina, y de C?sar, Delicia del G?nero Humano,
hablo del barrio paral?tico, el muro llagado, la fuente seca, la estatua pintarrajeada,
hablo de los basureros del tama?o de una monta?a y del sol taciturno que se filtra en el polumo,
de los vidrios rotos y del desierto de chatarra, del crimen de anoche y del banquete del inmortal Trimalci?n,
de la luna entre las antenas de la televisi?n y de una mariposa sobre un bote de inmundicias,
hablo de madrugadas como vuelo de garzas en la laguna y del sol de alas transparentes que se posa en los follajes de piedra de las iglesias y del gorjeo de la luz en los tallos de vidrio de los palacios,
hablo de algunos atardeceres al comienzo del oto?o, cascadas de oro incorp?reo, transfiguraci?n de este mundo, todo pierde cuerpo, todo se queda suspenso,
la luz piensa y cada uno de nosotros se siente pensado por esa luz reflexiva, durante un largo instante el tiempo se disipa, somos aire otra vez,
hablo del verano y de la noche pausada que crece en el horizonte como un monte de humo que poco a poco se desmorona y cae sobre nosotros como una ola,
reconciliaci?n de los elementos, la noche se ha tendido y su cuerpo es un r?o poderoso de pronto dormido, nos mecemos en el oleaje de su respiraci?n, la hora es palpable, la podemos tocar como un fruto,
han encendido las luces, arden las avenidas con el fulgor del deseo, en los parques la luz el?ctrica atraviesa los follajes y cae sobre nosotros una llovizna verde y fosforescente que nos ilumina sin mojarnos, los ?rboles murmuran, nos dicen algo,
hay calles en penumbra que son una insinuaci?n sonriente, no sabemos ad?nde van, tal vez al embarcadero de las islas perdidas,
hablo de las estrellas sobre las altas terrazas y de las frases indescifrables que escriben en la piedra del cielo,
hablo del chubasco r?pido que azota los vidrios y humilla las arboledad, dur? veinticinco minutos y ahora all? arriba hay agujeros azules y chorros de luz, el vapor sube del asfalto, los coches relucen, hay charcos donde navegan barcos de reflejos,
hablo de nubes n?madas y de una m?sica delgada que ilumina una habitaci?n en un quinto piso y de un rumor de risas en mitad de la noche como agua remota que fluye entre ra?ces y yerbas,
hablo del encuentro esperado con esa forma inesperada en la que encarna lo desconocido y se manifiesta a cada uno:
ojos que son la noche que se entreabre y el d?a que despierta, el mar que se tiende y la llama que habla, pechos valientes: marea lunar,
labios que dicen s?samo y el tiempo se abra y el peque?o cuarto se vuelve jard?n de metamorfosis y el aire y el fuego se enlazan, la tierra y el agua se confunden,
o es el advenimiento del instante en que all?, en aquel otro lado que es aqu? mismo, la llave se cierra y el tiempo cesa de manar;
instante del hasta aqu?, fin del hipo, del quejido y del ansia, el alma pierde cuerpo y se desploma por un agujero del piso, cae en s? misma, el tiempo se ha desfondado, caminamos por un corredor sin fin, jadeamos en un arenal,
?esa m?sica se aleja o se acerca, esas luces p?lidas se encienden o apagan?, canta el espacio, el tiempo se disipa: es el boqueo, es la mirada que resbala por la lisa pared, es la pared que se calla, la pared,
hablo de nuestra historia p?blica y de nuestra historia secreta, la tuya y la m?a,
hablo de la selva de piedra, el desierto del profeta, el hormig?ero de almas, la congregaci?n de tribus, la casa de los espejos, el laberinto de ecos,
hablo del gran rumor que viene del fondo de los tiempos, murmullo incoherente de naciones que se juntan o dispersan, rodar de multitudes y sus armas como pe?ascos que se despe?an, sordo sonar de huesos cayendo en el hoyo de la historia,
hablo de la ciudad, pastora de siglos, madre que nos engendra y nos devora, nos inventa y nos olvida.




Hermandad

Homenaje a Claudio Ptolomeo

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
tambi?n soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.
Publicado por wineruda @ 10:14  | Poes?a Imprescindible
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Comentarios
Publicado por rey.leon75
Mi?rcoles, 11 de abril de 2007 | 22:08
Muy buenas las poes?as. Apoy?ndolos, les dejo una m?a:

Mi coraz?n se miraba
en el espejo luminoso de tus ojos:
"?Qu? har? con tanto amor?"
se preguntaba

T? cerraste los ojos.
"?Qu? har? con tanto amor?"...
?C?mo entender reci?n ahora
que tu cercan?a de luz
fue siempre
un olvido equivocado?

Copyright 2007.