Viernes, 12 de enero de 2007

La canci?n de Zhang Haohao

Cuando cantabas en Yuzhang
no ten?as m?s de trece a?os.
Eras como un joven F?nix con plumas nuevas,
como una roja flor de loto, reci?n abierta.

El famoso pabell?n del Pr?ncipe Teng llegaba hasta el cielo,
el r?o Zhangjiang surg?a del vac?o azul;
era el lugar elegido para tu presentaci?n,
un suntuoso banquete habr?a en tu honor.

Mientras el anfitri?n atiende a los invitados
nos damos cuenta que tardas en aparecer.

Una preciosa criada del sur te empuja al sal?n;
la cola de tu traje se arrastra entre el polvo
a medida que caminas suavemente.
Llevabas tu cabello partido en dos trenzas
que ca?an sobre tu chaqueta de seda.

Mirando a la audiencia arrojaste las mangas al suelo;
luego, entonaste una melodiosa canci?n
como s?lo lo hubiera hecho un joven F?nix.

Las cuerdas de los instrumentos callaron de golpe;
los sonidos del armonio se quebraron:
no pudieron seguir el ritmo de vuestra voz
a medida que se remontaba al cielo y se dilataba en el aire.

Una y otra vez el anfitri?n demostr? su admiraci?n por ti,
tus canciones eran inolvidables, dec?a.
Entonces te obsequi? con un amplio brocado
Decorado con la figura flotante de un celestial caballo
y con una exquisita peineta de colmillo de rinoceronte.

Luego celebramos la llegada del oto?o en las arenas del Gran Drag?n,
en noches con luna navegamos el Lago del Este.

Tantas veces nos vimos
que rara fue la semana en que al menos
tres noches nos encontr?bamos.

Poco a poco, tu cuerpo de jade, fue apareciendo ante mi;
tus miradas poco a poco, se hicieron m?s encantadoras;
poco a poco, tus rojos labios fueron m?s exquisitos,
comparables a tu gracia, porte y postura.

Con la bandera en alto el superintendente parti? hacia el este
llevando consigo m?sica y canciones.
El oto?o enfri? los ?rboles del Pabell?n de Xie Tiao,
las arenas de la primavera calentaron los juncos a lo largo del Juxi.

Evitando los asuntos de este mundo
el anfitri?n magn?fico se sumergi? en el vino.
De repente apareci? el Secretario Imperial,
un joven con tanto talento y gracia,
que desluc?a las virtudes de Sima Xiangru;
te dio un pendiente de jade como regalo de compromiso
y se fue contigo en un precioso carruaje tirado por caballos.

Cuando una cueva se cierra, el agua que gotea suena a la distancia,
cuando la luna alcanza al inmortal conejo, aparece solitaria.

Varios a?os pasaron,
nuestros viejos compa?eros de juerga fueron desapareciendo.
Cuando, luego de una larga ausencia,
volvimos a encontrarnos, t? y yo, en Luoyang,
estabas detr?s de un mostrador vendiendo vino.

Te pusiste a pensar cuales habr?an sido mis
preocupaciones todos estos a?os y por qu?, siendo a?n joven,
me hab?a convertido en un oso de barba blanca.
Preguntaste si nuestros amigos comunes segu?an con vida
y si yo, era a?n, informal e impetuoso.

Desde entonces he llorado amargamente la muerte de mi patr?n,
y el lago y las nubes se han vuelto otra vez un clamor del oto?o
un rayo del sol cae sobre la blanca rama de un sauce
mientras un viento helado recorre mi silla solitaria.

Mi abrigo est? h?medo con las l?grimas,
mientras pongo punto final a este corto poema
donde he hablado en voz alta de mis pensamientos.

Du Mu (803-852)


Publicado por Goizeder @ 1:13  | Poes?a Imprescindible
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