Una palabra
Una piedra
En un río frío.
Otra piedra más
Tengo que poner más piedras
Para poder cruzarlo.
Concha
Le construyes una casa a tu alma.
Y te paseas orgulloso
a la luz de las estrellas
con tu casa a la espalda
como un caracol.
Si adviertes peligro,
te metes en la casa
y te sientes a salvo
detrás del duro
caparazón.
Y cuando ya no existas,
quedará
la casa
y testimoniará
de la belleza de tu alma.
Y dentro susurrará
el mar de tu soledad.
No se cuelga el sombrero en un rayo de sol
Tienes que tener siempre
suelo firme
bajo los pies, algo
a que agarrarte,
la idea
no se atreve
a soltarse,
es como un niño
no tiene confianza, pero
siempre anda
buscando apoyo.
No se cuelga
El sombrero en un
rayo de sol,
tarde aprendiste
a nadar, desconfías
del avión,
no te sientes seguro
La espada
Corta
Cuando se desenvaina,
Si no otra cosa
el aire.
Corté el manzano grande
Corté el manzano grande que tenía delante de la ventana.
Me tapaba la vista, esa era una razón, hasta en verano
estaba oscura la habitación, además
en el mercado de frutas ya
no querían sus reinetas.
Pensé en lo que hubiera dicho
mi padre, a él le gustaba
aquel manzano.
Pero lo talé.
Todo se hizo más luminoso, puedo
ver todo el fiordo
y seguir mejor lo que pasa
en todas las direcciones,
la casa está ahora
más a la vista,
se exhibe mejor.
No quiero admitirlo, pero echo en falta al manzano.
Esto ya no es como antes. Nos protegía el viento y daba
buena sombra, el sol se filtraba por el ramaje
hasta la mesa, y por las noches me solía tumbar a escuchar
el susurro del follaje. Y las reinetas, no hay
mejores manzanas en la primavera, tienen un sabor
tan aromático.
Me duele cada vez que veo el tocón, cuando se haya podrido
lo sacaré de la tierra y lo cortaré para leña.
Olav H. Hauge (1908-1994)