domingo, 25 de febrero de 2007



CASA ABIERTA


MIS secretos gritan fuerte.
No tengo necesidad de lengua.
Mi corazón ofrece hospitalidad,
Mis puertas se abren libremente.
Una épica de los ojos
Mi amor, sin ningún disfraz.


Mis verdades están todas previstas,
Esta angustia revelada a sí misma.
Estoy desnudo hasta los huesos,
Con la desnudez me escudo.
Lo que uso es el mí mismo:
Conservo sobrio el espíritu.

La ira permanecerá,
Los actos dirán la verdad
En lenguaje exacto y puro
Detengo la engañadora boca:
La furia reduce mi más claro grito
A una agonía tonta.



INTERLUDIO

EL elemento del aire era incontenible.
El ímpetu del viento rasgó las tiernas hojas
Arrojándolas en confusión sobre a tierra.
Esperamos las primeras gotas de lluvia en los aleros.

El caos crecía al tiempo que la luz
Mermaba bajo el cielo compacto.
Una noche innatural dilató nuestras pupilas,
Pero el camino y el polvoriento campo permanecieron secos.


La lluvia quedóse en la nube; fue casi oscuro;
El viento yació inmóvil entre las altas hierbas.
Las venas de las manos traicionaban nuestro miedo.
Lo que habíamos esperando no había acontecido.



LO MÍNIMO

ESTUDIO las vidas sobre una hoja: los pequeños
Durmientes, ateridos que se codean en frías dimensiones,
Escarabajos en cavernas, salamandras, peces sordos,
Piojos amarrados en largas, flojas malezas subterráneas,
Contorsionistas de marismas,
Y reptiles bacterianos
Culebreando entre heridas
Como jóvenes anguilas en estanques,
Sus descoloridas bocas besando las cálidas suturas,
limpiando y acariciando,
deslizando y cicatrizando.

TODA LA TIERRA; TODO EL AIRE


I

ESTOY con piedras que permanecen.
Las piedras duran donde están.
Las campanillas se enroscan;
los pescaditos se mueven.
Una onda despierta el estanque.

II


ESTA dicha es mi ruina, ¿Yo soy!
Un hombre rico como un gato,
Un gato en la horcadura de un árbol,
Cuando ella sacude sus cabellos.
Pienso en eso y me río.

III


TODA inocencia e ingenio, ella
Mantiene vivos mis deseos;
Cuando , flexible como una fiera,
Camina por la calle,
Comienzo a dejarme a mí mismo


IV

VERDADERAMENTE hermosos.
Sus cuerpos no pueden mentir:
la flor pica a la abeja.
El suelo necesita del abismo,
Dicen las piedras, dicen los peces.

V

Un campo se aleja en el sueño.
¿ Dónde están los muertos? Ante mí
Fluctúa una única estrella.
Un árbol se desliza con la luna.
¡ El campo es mío! ¡Es mío!

VI


ESTOY al acecho en una guarida,
Todo uno con la tétrica oscuridad.
¿Qué es el infierno sino un corazón helado?
¿ Pero quién , al enfrentarse con el rostro de ella,
No se regocijaría?
Publicado por wineruda @ 18:13  | Poesía Imprescindible
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