Domingo, 04 de marzo de 2007




Tiempo preferido


I

S?lo t? y yo sabemos la verdad de este mundo
que d?a a d?a robamos a la muerte,
que erigimos de nada tan solo con palabras
humo
ceniza de un beso olvidado en tu frente.
S?lo t? y yo sabemos
f?bulas como flautas
silencios como hormigas m?s o menos sonoras
y eso que se edifica lentamente en tus ojos
detr?s de la vitrina o cristal de una l?grima
ese beso o latido
esa sonrisa o llama
de tener a la vida en la flor de los labios.


II

Junto a ti son las horas golondrinas azules
que se desprenden de tu sonrisa como hojas de oto?o.
Brota de ti el silencio como un surtidor
de pisadas que en la nieve se fueran desmayando,
como mano olvidada de un ni?o
que tuviera las u?as puras y sonrosadas.
Quiero para mi boca el beso m?s preciso,
el que huye de pronto como p?jaro enemigo,
como noche perseguida por la invasi?n profunda de la aurora.
Cogidos de la mano se nos queda peque?o el planeta,
peque?o, muy peque?o
hasta quedar oculto bajo la suela de un zapato,
del tuyo, tan humilde que dentro no cobija
ni un pico de esa estrella que nos contempla siempre.


III

A las nueve las caricias se vuelven verticales
empujadas por el filo y la prisa que llega.
Alguien corta en el aire los minutos a tijera
como si fueran flecos de un mant?n
o cuerdas de guitarra con las clavijas rotas.
Uno a uno van cayendo
cada vez m?s perfectos
en el puro pasado que se muere en el acto.
Uno a uno se hunden para siempre y del todo.


?He nacido y he muerto tantas veces!

?He nacido y he muerto tantas veces!
El hombre que ahora soy no lo comprendo,
acaso no soy yo, es aquel otro
hundido y olvidado por las calles
que en una tarde amarga dej? solo.

Y quiero recordarlo y se me borra
perdido en la salida de los cines,
acaso en un retrato que mi madre
guardaba de la luz con mano triste.

Pero voy comprendiendo. Me supongo
acaso como soy, y escribo versos
y sue?o para todos... S?, comprendo,
para nacer hay que morir primero.



Iniciaci?n

Clamores desde el fondo.
Se crispan las palabras como serpientes vivas,
como aullidos que salen del crujir de los p?rpados
y se vuelven de acero llorando ante la luna.
Y sobre todo esto:
las tinieblas movibles como un cieno de aceite.
No puedo remediarlo:
lo tengo todo dentro y tengo que escupirlo,
arrojarlo de m? con un asco profundo,
como un hijo maldito,
como un aire parado en mis articulaciones.

Amigos, me duele la sangre.
Mis entra?as se crispan,
se derrumba mi frente.
Y no,
a?n no es bastante.
Me tengo que desgajar bajo el parir terrible,
bajo este intento in?til de ense?aros mi fondo,
de querer darle alas a lo que va a nacer muerto,
va a nacer repelente,
no querido de nadie.

Pero algo surge, amigos, algo surge y me invade,
algo que no se calla, que necesito expelerlo,
que me abrasa por dentro,
que quiere abrirse en voz
cantando en vuestras fibras.

Mirad:
las estrellas palpitan contra la misma tierra
como un coraz?n sobre mano extranjera.

Miradlo:
los p?jaros se aplanan iguales a su sombra
ante el cielo blanc?reo que les castra las alas.
El aire es sobre la tierra mustia flor en un libro.

Miradme:
s?lo soy un anhelo de salir de estas ondas,
de salir de estas ondas y estos pozos sin fondo,
pero el cielo me aplasta con su cercano techo
como un caparaz?n,
como una costra de sangre,
como un silencio apagado debajo de una herida.

No importa, amigos, no importa.
Miradme bien, miradme, os invito a miradme.
A fuerza de quemarme os mostrar? mi fondo
y ver?is bien desnudo todo este charco amargo.
Escuchad los clamores, amigos.
Escuchadlos.
Publicado por wineruda @ 19:55  | Poes?a Imprescindible
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