Domingo, 13 de mayo de 2007




Canciones a Guiomar

I

No sab?a
si era un lim?n amarillo
lo que tu mano ten?a,
o un hilo del claro d?a,
Guiomar, en dorado ovillo.
Tu boca me sonre?a.
Yo pregunt?: ?qu? me ofreces?
?Tiempo en fruto, que tu mano
eligi? entre madureces
de tu huerta?
?Tiempo vano
de una bella tarde yerta?
?Dorada ausencia encantada?
?Copia en el agua dormida?
?De monte en monte encendida,
la alborada
verdadera?
?Rompe en sus turbios espejos
amor la devanadera
de sus crep?sculos viejos?

II


En un jard?n te he so?ado,
alto, Guiomar, sobre el r?o,
jard?n de un tiempo cerrado
con verjas de hierro r?o.
Un ave ins?lita canta
en el almez, dulcemente,
junto al agua viva y santa,
toda sed y toda fuente.
En ese jard?n Guiomar,
el mutuo jard?n que inventan
dos corazones al par,
se funden y complementan
nuestras horas. Los racimos
de un sue?o -juntos estamos-
en limpia copa exprimimos,
y el doble cuento olvidamos.
(Uno: mujer y var?n,
aunque gacela y le?n,
llegan juntos a beber.
El otro: no puede ser
amor de tanta fortuna:
dos soledades en una
ni aun de var?n y mujer).

-

Por ti la mar ensaya olas y espumas,
y el iris, sobre el monte, otros colores,
y el fais?n de la aurora canto y plumas,
y el b?ho de Minerva ojos mayores.
Por ti, ?oh Guiomar!...

III

Tu poeta
piensa en ti. La lejan?a
es de lim?n y violeta,
verde el campo todav?a.
Conmigo vienes, Guiomar;
nos sorbe la serran?a.
De encinar en encinar
se va fatigando el d?a.
El tren devora y devora
d?a y riel. La retama
pasa en sombra; se desdora
el oro del Guadarrama.
Porque una diosa y su amante
huyen juntos, jadeante
los sigue la luna llena.
El tren se esconde y resuena
dentro de un monte gigante.
Campos yermos, cielo alto.
Tras los montes de granito
y otros montes de basalto
ya es la mar y el infinito.
Juntos vamos; libres somos.
Aunque el Dios, como en el cuento
fiero rey, cabalgue a lomos
del mejor corcel del viento,
aunque nos jure, violento,
su venganza,
aunque ensille el pensamiento,
libre amor, nadie lo alcanza.
-
Hoy te escribo en mi celda de viajero,
a la hora de una cita imaginaria.
Rompe el iris al aire el aguacero,
y al monte
su tristeza planetaria.
Sol y campanas en la vieja torre.
?Oh tarde viva y quieta
que opuso al panta rhei su nada corre,
tarde ni?a que amaba a su poeta!
?Y d?a adolescente
-ojos claros y m?sculos morenos-,
cuando pensaste a amor, junto a la fuente,
besar tus labios y apresar tus senos!
Todo a esta luz de abril se transparenta;
todo en el hoy de ayer, el Todav?a
que en sus maduras horas
el tiempo canta y cuenta,
se funde en una sola melod?a,
que es un coro de tardes y de auroras.
A ti, Guiomar, esta nostalgia m?a.


Otras canciones a Guiomar


A la manera de Abel Mart?n y de Juan de Mairena

I
?S?lo tu figura,
como una centella blanca,
en mi noche oscura!
-
?Y en la tersa arena,
cerca de la mar,
tu carne rosa y morena,
s?bitamente, Guiomar!
-
En el gris del muro,
c?rcel y aposento,
y en un paisaje futuro
con
-
en el n?car fr?o
de tu zarcillo en mi boca,
Guiomar, y en el calofr?o
de una amanecida loca;
-
asomada al malec?n
que bate la mar de un sue?o,
y bajo el arco del ce?o
de mi vigilia a traici?n,
?siempre t?!
Guiomar, Guiomar,
m?rame en ti castigado:
reo de haberte creado,
ya no te puedo olvidar

II

Todo amor es fantas?a;
?l inventa el a?o, el d?a,
la hora y su melod?a;
inventa el amante y, m?s,
la amada. No prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jam?s.

III

Escribir? en tu abanico:
te quiero para olvidarte,
para quererte te olvido.

IV

Te abanicar?s
con un madrigal que diga:
en amor el olvido pone la sal

V

Te pintar? solitaria
en la urna imaginaria
de un daguerrotipo viejo
o en el fondo de un espejo,
viva y quieta,
olvidando a tu poeta

VI

Y te enviar? mi canci?n:
?Se canta lo que se pierde?,
con un papagayo verde
que la diga en tu balc?n

VII

Que apenas si de amor el ascua humea
sabe el poeta que la voz engola
y, barato cantor, se pavonea
con su pesar o enluta su viola;
y que si amor da su destello, sola
la pura estrofa suena,
fuente de monte, an?nima y serena.
Bajo el azul olvido, nada canta,
ni tu nombre ni el m?o, el agua santa.
Sombra no tiene de su turbia escoria
limpio metal; el verso del poeta
lleva el ansia de amor que lo engendrara
como lleva el diamante sin memoria
-fr?o diamante- el fuego del planeta
trocado en luz, en una joya clara...

VIII
Abre el rosal de la carro?a horrible
su olvido en flor, y extra?a mariposa,
jalde y carm?n, de vuelo imprevisible,
salir se ve del fondo de una fosa.
Con el terror de v?bora encelada,
junto al lagarto fr?o
con el absorto sapo en la azulada
lib?lula que vuela sobre el r?o,
con los montes de plomo y de ceniza,
sobre los rubios agros
que el sol de mayo hechiza.
se ha abierto un abanico de milagros
-el ?ngel del poema lo ha querido-
en la mano creadora del olvido.
Publicado por wineruda @ 12:45  | Poes?a Imprescindible
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