Lunes, 09 de marzo de 2015

POR FINGIR del corazón, la humillación de las entrañas,

por huir maldecida y maldiciendo, por guardar castidad y por llorarla,

por excluir mi boca del sabor peligroso de otras bocas

y empujarla insaciada a saciarse del veneno de los platos

en la apoteosis de las cenas cuando el vientre

ya hinchado sigue hinchándose;

por tocar soledades inalcanzables y de allí

a los pies de las cama de unas silla

o de una escalera recitar el adiós

por poderte excluir de mi imaginación

y cubrirte con cualquier nublado

para que tu luz no destiñera mi seda,

no trastornara mi círculo tras el cual

te reenvío, tu estrella involuntaria,

paso inesperado que me recuerdas la muerte.

Por todo eso yo he pedido un beso

y tú, inocente cómplice gentil, no me lo has dado

¿ Y QUIËN podrá decir ya

que no tengo ánimo, que no voy

con los otros y que no me apasiono?

He hecho una cola de casi

media hora hoy en correos;

a pasito, he olido

los olores atroces de varones

de viejos y también de mujeres, he sentido

manos tocarme el culo presionarme

la cadera. reconocido

la nausea y la he dejado allí

donde estaba, mi cuerpo

se ha llenado de sudor por poco no me he cogido

una pulmonía, sino de horror a los otros

en los que me reconozco.

LA CASA; Dichoso quien es dueño de la casa

no digo de la casa catastral, sino de la casa,

de la casa real. Durante quince años

yo fui huéspeda en mi casa,

una indeseada huéspeda. Oscuridad,

cuantas más lámparas pongo más está oscuro.

Dichoso quien no ve las curvas, las aristas,

las sombras, dichoso quien, verdadero propietario,

usa y abusa de lo que se le da.

A mí me cohíben las rígidas almohadas,

los libros abiertos, los pasillos inútiles

y feroces, los cuadros colgados, los cementerios

de blusas y bufandas que en todos los cuartos

he sembrado yo misma.

CUÁNTAS tentaciones atravieso

en el recorrido del dormitorio

a la cocina, de la cocina

al retrete, Una mancha

en la pared, un pedazo de papel

caído al suelo, un vaso de agua,

un mirar por la ventana,

hola a la vecina,

un mimo a la gata.

Así olvido siempre

la idea principal, me pierdo

en el camio, me descompongo

día a día y es inútil

intentar cualquier regreso.

EN LA CESTA de la ropa sucia

reconozco el verano.

Los pantalones ligeros o los jerséis.

Tenía demasiada prisa en partir

para quedarme a limpiar

las huellas de la carrera

ES MUY DULCE quedarse

y mirar en la inmovilidad

soberana la belleza de una pared

donde el hilo de la luz y la lámpara

existen desde siempre

para garantizar su permanencia

¡Montaña de luz abanico

paisajes ! ¿cómo podré

desatar mis pies, cómo

descender -reina de las peñas

y los abismos_ al paso involuntario

a la mano que abre una puerta, a la voz

que pregunta donde iré a comer?

AHORA que el tiempo parace todo mío

y nadie me llama para el almuerzo y la cena.

Ahora no puedo quedarme a mirar

cómo se derrrite una nube y como se decolora,

cómo camina un gato por el tejado

en el lujo inmenso de una exploración, ahora

que cada día me espera

la ilimitada duración de una noche

donde no hay llamadas y ya no hay razón

para desnudarse de prisa y descansar dentro

de la cegadora dulzura de un cuerpo que me espera,

ahora que la mañana no tiene nunca principio

y silenciosa me deja a mis proyectos

a todas las variaciones de la voz, ahora

quisiera de improviso la prisión.


Publicado por wineruda @ 15:33  | Poes?a Imprescindible
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